“alahu daraba al kafirín wal fasiqínn fi nueva orlín, walahu daraba al mushrikín el chi'í fil Irak”
“Alá golpeó a los infieles y a los depravados de Nueva Orleáns, y golpeó a los apóstatas chi'íes de Irak”
- sala de chat al ansar - jueves, 1 de septiembre del 2005
Cuando accedí a uno de los chats de voz de
al ansar, esperaba en cierto sentido escuchar algún tipo de “interpretación” de la inundación de Luisiana y Mississippi. Aún recuerdo
la elaboración jihadista del tsunami del sur de Asia el pasado enero. Antes de que hubiera escuchado siquiera al autoproclamado “Imán on line”, casi predije sus palabras: tenía que haber “infieles”, “Alá” y “castigos”. Y de hecho había allí esas palabras y muchas otras. Inundando la red con discursos, las voces de
al ansar, jihadistas cercanos a al Qaida y a otros jihadistas salafíes, insistían con certidumbre en que “Alá ha castigado a América con viento e inundación”. Extrañamente, recordé la retórica online de hace unos meses, cuando un par de clérigos salafíes anunciaban que “pronto,
inshaláh, Alá y sus ángeles, van a comenzar el
tadmir (la destrucción) de la malvada América”. Repetían sin fin que “todo lo que tienen que hacer los mujahidines es luchar y matar a los infieles dondequiera que estén, y Alá, complacido con ellos, hará el resto. Destruirá sus ciudades, una tras otra”.
El chat de al ansar hoy era una serie de 'te lo dije'. El comisario jefe estaba orgulloso y asertivo: “alahu daraba al kafirín wal fasiqín fi Nueva Orlín”. Que se traduce y hasta rima, Alá golpeó a los infieles y depravados de Nueva Oleáns: irónicamente, entre las ciudades más citadas en la lista de lugares satánicos de América, se encuentran Las Vegas, Manhattan, Los Ángeles y Nueva Oleáns.
“Innaha ardul u'hr wal fisq wal lawaat" – Es la tierra de la prostitución, la depravación y la homosexualidad - dice el cibergrupo. “Es donde Alá atacaría primero, para demostrar a América lo débil que es, lo arrogante que se ha convertido”. La lógica salafí es completamente ideológica, fundada en teología autoestablecida. Para los teóricos jihadistas, dado que todos y cada uno de los desastres son permitidos por Alá, el huracán que sumió bajo las aguas a Nueva Oleáns no es sólo un acto de Alá, sino un acto dentro de la Guerra contra los Infieles. Otros muchos teólogos e individuos de todas las religiones creen en el designio divino de los fenómenos naturales, pero no los atribuyen necesariamente a su ser supremo, a un sistema de toma de decisiones geopolítico. A los jihadistas se les ha lavado de cerebro para creer que Alá es parte de su guerra contra sus enemigos, o que ellos son parte de la guerra de Alá contra sus enemigos. Por lo tanto, sería imposible que sus ideólogos se saltaran la ira del Katrina en América. De hecho, precisamente era demasiado obvio para los jihadistas no dedicar el huracán, su devastación, sus víctimas y el consiguiente malestar social a su lectura de la política religiosa. Todo lo que les enseñaron los clérigos llegaba a la vez: América está en Guerra con el islam; se ha convertido en el enemigo de Alá; los jihadistas luchan contra Estados Unidos con todos sus recursos, incluyendo el terrorista suicida; los clérigos han predicho una intervención divina; los ángeles de la muerte golpean una de las ciudades de pecado de América con vientos e inundación; y como resultado de ello, continúa el comentarista, “se dispara a los helicópteros. Sus fuerzas armadas están desplegadas ahora dentro de sus tierras, y su economía caerá”.
Con este cuento apocalíptico, un jihadista creería más que nunca en la predicación salafí. El desastre natural y sus consecuencias ya son capturados por los ideólogos fundamentalistas no sólo como señales de Alá, sino también como victorias contra los infieles. El lugar de compasión hacia las víctimas, espérese incitación contra América en general y contra su gobierno en particular.
Y muy interesante, los seguidores de al Qaida tuvieron una enorme oportunidad para afirmar que “A Alá le desagradan los chi'íes tanto como le desagradan los infieles”. De hecho, el análisis de inspiración wahabí de la sala de chat lo afirmaba claramente. Al comentar la estampida que mató a casi 1000 peregrinos chi'íes en Irak, la voz decía: “Cómo podemos pasar por alto la señal, ocurrida el mismo día: Alá daraba al mushrikín al chi'í fil Irak” - Alá golpeo al apóstata chi'í de Irak - los jihadistas salafíes no podrían esperar una coincidencia mejor: americanos y chi'íes muertos en masa el mismo día a miles de millas de distancia unos de otros. Para los terroristas, era la suma de todos los mensajes. Ahora pueden demostrar al indeciso, a ambos lados del océano, que Alá está de su parte, no del bando de la democracia y sus promotores.
Para derrotar ese propósito, los americanos, los iraquíes y las sociedades democráticas de todo el mundo tienen que reunirse y rechazar las alucinaciones de los terroristas: los americanos tienen que derrochar todo su apoyo en las víctimas del desastre para que nadie quede al margen. El país tiene que ser movilizado para ayudar a la parte dolida de la nación. Los iraquíes tienen que absorber el dolor y reanudar el proceso de inclusión y democratización. Y la comunidad internacional tiene que continuar con su solidaridad con las víctimas de desastres naturales y las del terrorismo por igual.