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Entre bambalinas en Teherán
Colaboraciones nº 503   |  18 de Agosto de 2005
 
Momentos después de que fuera presentado al Majlis Islámico en Teherán el domingo, el primer gabinete del Presidente Mahmoud Ahmadinejad fue etiquetado por sus rivales derrotados y por la mayoría de los que siguen los sucesos en Irán como un grupo de “intransigentes” recolectados manualmente por el “Guía Supremo” Alí Jamenei.
 
El antes miembro de majlis Behzad Nabavi, teórico de la formación Rafsanjani-Jatami que perdió las elecciones presidenciales frente a Ahamdinejad, le ha descrito nada menos que como “una secretaria presidencial del guía supremo”.
 
Tales análisis, no obstante, se podrían considerar como las uvas de la ira por parte de una formación que no sólo afronta una pérdida de poder, sino un probable procesamiento bajo un abanico de cargos relacionados con la corrupción, la prevaricación y el crimen. De hecho, Ahmadinejad ha prometido publicar un informe exhaustivo del estado de la República Islámica en el momento de su acceso a la presidencia. Tal informe no puede ser sino la condena de las administraciones Rafsanjani-Jatami.
 
La verdad es que el gabinete de Ahmadinejad representa una nueva coalición de poder en la que Jamenei, lejos de ser el titiritero, emerge como una pieza entre muchas, aunque una pieza importante.
 
Las elecciones presidenciales del pasado junio representaron un punto de inflexión en la historia de la República Islámica por un conjunto de motivos. Esta era la primera vez en un cuarto de siglo que un no-mulá se convertía en presidente. Alí-Akbar Hashemi Rafsanjani, el hombre derrotado en las elecciones, era uno de los dos favoritos dentro de la élite clerical en el poder, quien ha sido designado como un pilar del régimen desde 1979. Ese resultado inesperado fue hecho posible por Jamenei, también mulá, que decidía abandonar su bando con turbante y aliarse con la nueva coalición de poder representada por Ahamdinejad.
 
¿Pero en qué consiste esta nueva coalición?
 
La composición del gabinete de Ahmadinejad proporciona algunas pistas. La espina vertebral de la nueva coalición está formada por miembros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), un fuerte ejército paralelo de 350.000 miembros, si se tiene en cuenta a los veteranos, que representa una base popular de entre 2 y 3 millones de personas, incluyendo a las familias de los oficiales y a los hombres. Esa base es ampliada aún más gracias a la Basij Mustazafín (Movilización de los Desposeídos), una fuerza paramilitar de alrededor de 4,5 millones de guerrilleros activos y reservistas.
 
De los 21 miembros del nuevo gabinete, al menos ocho tienen experiencia en servicio, o bien en el IRCG o en el Basij.
 
Casi todos los cargos vinculados a la economía y las finanzas han ido a parar a la corriente conocida como usulgara, o fundamentalista, que consiste en políticos y empresarios con fuertes conexiones con los bazares tradicionales. Ministerios clave tales como el de Seguridad, Justicia y el de Interior han ido a parar a particulares con bastantes años de servicio dentro de la presunta comunidad de inteligencia. Pero el gabinete también incluye algunos tecnócratas y funcionarios civiles profesionales, abarcando posiciones clave tales como el de ministro de exteriores. Al menos seis ministros pertenecen a la facción denominada Ithari (autosacrificio) de la que Ahamdinejad en persona es miembro.
 
¿Qué tienen en común estas formaciones?
 
El primer ingrediente de su ideología es la firme creencia en que la República Islámica está destinada a jugar un papel histórico crucial a la hora de movilizar al mundo musulmán contra lo que ven como “la remodelación del mundo por parte del Gran Satán norteamericano”.
 
El segundo elemento, tomado prestado de la literatura triemondista de los años 60, es la creencia de que la lucha contra el colonialismo y el neocolonialismo está lejos de haber finalizado y que, con la fase física del colonialismo hoy terminada, el mundo tiene que hacer frente a la amenaza del “imperialismo cultural”.
 
El tercer elemento en la ideología común de estos grupos es el deseo claro de expandir la base del régimen al margen de los mulás que han monopolizado posiciones clave del poder desde 1979. Esto se basa en la creencia de que los mulás en el poder han explotado el sistema y, habiéndose hecho ricos, ya no pueden compartir las aspiraciones revolucionarias de las masas pobres.
El cuarto elemento de esta ideología consiste en una firme creencia en el papel director del estado en la economía nacional. Esto no significa la eliminación del sector tradicional privado según lo representado por los bazares, que respaldaron a Ahamdinejad en las elecciones. Pero legitima el control estatal sobre casi el 70% del producto interior bruto, y asigna al gobierno la tarea de redistribuir la riqueza de la nación, especialmente los ingresos del petróleo. En la filosofía económica de la nueva coalición también destaca la autosuficiencia y la necesidad de controles estrictos sobre el comercio exterior y la inversión extranjera directa.
 
A la facción Rafsanjani-Jatami le gusta describirse como “izquierdista” y “reformista”, y ha etiquetado a la coalición liderada por Ahmadinejad como “derechista” o “conservadora”. Estas etiquetas son engañosas. La coalición Usuli-Itahri liderada por Ahamdinejad es fundamentalista, dedicada a una agenda revolucionaria, tanto en la política nacional como en la exterior.
 
¿Significa esto que es inevitable un choque entre Occidente y la República Islámica?
 
No necesariamente. Ahmadinejad dirige una coalición más estrictamente controlada, y es apoyado por todos los órganos del estado, incluyendo el “Guía Supremo”. Al contrario que Rafsanjani y Jatami, que fueron falsificaciones como revolucionarios y como reformistas, Ahmadinejad es el producto genuino, y por lo tanto no tiene necesidad de provocar crisis exteriores para sostener sus credenciales funda-mentalistas. La nueva coalición también cree que puede jugar una larga partida contra sus enemigos, reales o imaginarios, y puede por tanto ser encaminada a perseguir una política exterior más predecible.

 
 
Amir Taheri nació en Irán y se educó en Teherán, Londres y París. Ha sido editor jefe de Jeune Afrique, del London Sunday Times, también ha escrito para el Times, y contribuye con The Daily Telegraph, The Guardian, y el Daily Mail entre otros. También ha trabajado para el International Herald Tribune, The Wall Street Journal, The New York Times, The Los Angeles Times, Newsday, y The Washington Post, el alemán Die Welt, Der Spiegel, Die Zeit y el Frankfurter Algemeine Zeitung, La Repubblica, L'Express, Politique Internationale y Le Nouvel Observateur.
 
 
 


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