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Un imperio vulnerable
Reseñas nº 5   |  8 de Noviembre de 2003
 
(Del libro El nuevo imperio americano. La reconstrucción nacional en Bosnia, Kosovo y Afganistán de Michael Ignatieff. Barcelona. Editorial Paidós, 2003. Publicado en el Blanco y Negro Cultural, 8 de noviembre de 2003)
 
Michael Ignatieff se ha ganado una posición de privilegio en el mundo editorial norteamericano y europeo gracias a un estilo muy personal, a medio camino entre la literatura de viajes y el análisis político en su versión más académica, a una visión siempre original y atractiva y, sobre todo, a la solidez de sus argumentos.
 
En éste, su cuarto libro sobre conflictos contemporáneos, aborda el papel que corresponde a Estados Unidos en el nuevo orden internacional. El volumen recoge tres textos ya publicados por el autor en revistas especializadas a los que añade una introducción y un capítulo de conclusiones de gran interés. Desde una posición política más próxima a la tradición demócrata que a la republicana, Ignatieff llega a conclusiones semejantes a las de la actual Administración Bush. El hecho no es de extrañar, porque lo que caracteriza a esta Administración en política exterior es su ruptura con la tradición republicana, el clásico “realismo”. Bush asume que el uso de la fuerza debe ir más allá de la victoria sobre el enemigo, que Estados Unidos tiene que comprometerse en la reconstrucción de estados y de regiones y que debe expandir el credo democrático como garantía de paz y de prosperidad. Estos principios proceden de la tradición wilsoniana, del ala izquierda del Partido Demócrata, y en este terreno Ignatieff se encuentra con Bush.
 
Para el autor, Estados Unidos es un imperio que debe asumir su condición. No lo es de la misma forma que otros que le precedieron en el tiempo. Su prestigio no se basa en poseer colonias, sino en ejercer hegemonía e influencia. Ante determinadas crisis que pueden afectar los intereses norteamericanos u occidentales –Balcanes, Afganistán, Iraq- ejercerá la fuerza. El imperativo humanitario estará presente en unos casos sí y en otros no. En situaciones como la de Chechenia, donde la injerencia humanitaria estaría perfectamente justificada, se evidencian los límites del imperio norteamericano: en este caso, los riesgos de una guerra nuclear con Rusia, cuyos efectos serían mucho más graves que el mal que se trataría de evitar.
 
Para Ignatieff, como para Bush, aunque no para un grupo importante de senadores republicanos y demócratas, en el siglo XXI no es posible invadir un país, lograr la victoria y abandonarlo a su suerte. El enemigo de hoy –el nacionalismo excluyente, el terrorismo islamista o las dictaduras dispuestas a la proliferación de armas de destrucción masiva- no es fácil de derrotar sólo mediante un ejército convencional y se hace necesaria una presencia neocolonial sobre el terreno hasta que un nuevo gobierno, libremente elegido, pueda asumir progresivamente sus competencias.
 
Pero la reconstrucción de naciones, algo que los republicanos echaron en cara a Clinton, conlleva enormes dificultades para un gobierno norteamericano. Como antigua colonia, la cultura política rechaza el imperialismo y la presencia prolongada de sus fuerzas en otros países. Esta actitud es evidente para sus enemigos, que concentrarán sobre ella su mayor presión. Nadie puede ganar al ejército norteamericano en campo abierto, pero varios le han derrotado en la retaguardia de la opinión pública. Frente a una resistencia nacionalista o terrorista, que implique un número de bajas elevado, cualquier gobierno norteamericano tendrá enormes dificultades para desarrollar estrategias en el largo plazo. La combinación de democracia y actitud anticolonial hacen del imperio norteamericano uno de los más vulnerables de la historia. Las próximas décadas pondrán a prueba la capacidad de su clase política para dar forma a una nueva conciencia cívica, una conciencia imperial, que permita la ejecución de su acción exterior con mayor estabilidad.
 
Una vez más la lectura de un libro de Ignatieff resulta una experiencia estimulante y, desde luego, muy recomendable. Con una prosa amena y elegante, como sin dar importancia a lo que está explicando, trata con precisión los grandes dilemas a los que se enfrenta Estados Unidos en la actualidad. Una obra que no le defraudará.
 


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