(Publicado en Minuto Digital, 12 de julio de 2005)
Marruecos exporta terroristas islámicos. En Madrid, en el asesinato de Theo Van Gogh en Holanda y ahora en Londres aparecen marroquíes fanáticos dispuestos a matar infieles. En el mundo árabe sólo otra monarquía corrupta y despótica, Arabia Saudí, tiene tantos súbditos practicando el terrorismo.
Donde hay un atentado terrorista en nombre de Alá en Europa, aparecen marroquíes involucrados como autores. Así ha ocurrido en Leganés y en Holanda, donde ha empezado el juicio al asesino ‘infiel’ de Theo Van Gogh; ahora también en Londres.
Los medios de comunicación británicos señalan como uno de los responsables de los atentados del 7 de julio a Mohamed El Guerbouzi, alias Abou Issa, de 48 años de edad y miembro del Grupo Marroquí de Combatientes Islámistas.
Las autoridades judiciales marroquíes se han apresurado a declarar que en diciembre de 2003 presentaron una orden internacional de búsqueda de El Guerbouzi, a quien se condenó a 20 años de cárcel en ausencia por su implicación en los atentados de Casablanca, ocurridos en 2003 y que causaron 33 muertos.
Según la Administración marroquí, El Guerbouzi estaba huido en Gran Bretaña, donde preparaba nuevos atentados y recopilaba información, pero el Gobierno británico no concedió la extradición.
En 2001, El Guerbouzi empezó a trabajar en conseguir la revolución islámica en el sultanato. Según los marroquíes, El Guerbouzi llegó a reunirse con Osama bin Laden en Kandahar (Afganistán), quien le animó a proseguir sus planes.
Tanto Hasán II como Mohamed VI han presentado sus regímenes despóticos a Occidente como un medio para controlar el fanatismo, pero la realidad es que Marruecos se ha convertido en un centro de reclutamiento de terroristas.