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Los ecologistas son el verdadero problema energético
Colaboraciones nº 457   |  1 de Julio de 2005
 
Es evidente que la economía global depende de la disponibilidad de energía adquirible. Muchos ponen sus esperanzas de suministro de energía abundante en tecnologías aún por imaginar.
 
Pero mientras los investigadores se ocupan en vano con posibilidades remotas, hay algo que deberíamos hacer ahora mismo para mantener fluyendo la energía: romper el control de los ecologistas radicales sobre la política energética nacional.
 
Sin importar la forma — ya sea petróleo, gas, carbón o energía nuclear — el movimiento de los Verdes bloquea los esfuerzos por dominar nuestras fuentes energéticas acostumbradas, al tiempo que nos lleva por el camino de rosas de la presunta “energía renovable”.
 
El primer lugar, no se nos está acabando el petróleo.
 
“A pesar de la reciente ausencia de descubrimientos de yacimientos petroleros nuevos y relevantes, la innovación ha demostrado ser adecuada para cumplir con la demanda de crudo siempre creciente“, escribe Alan Greenspan el pasado mes de octubre en el “Estudio económico de Oriente Medio”.
 
“Las fuertes adiciones a las reservas han excedido significativamente la demanda de petróleo de las reservas emplazadas”, añade Greenspan. Estas nuevas reservas no incluyen las fuentes de petróleo no convencionales, que incluyen a su vez el enorme crudo venezolano o las extensas arenas de alquitrán canadienses.
 
Sin embargo, los ecologistas están obstaculizando los esfuerzos por obtener ese petróleo — su lucha contra las perforaciones en el Alaska National Wildlife Refuge (ANWR) da fe de ello. Los ecologistas están hostigando actualmente a los habitantes de Florida contra las provisiones de explotación lejos de la costa de la presente propuesta energética del Congreso, forzando al Senador Republicano Mel Martínez a desafiar la dirección del Senado y mostrar sumo respeto a los activistas.
 
“Cualquier debilitamiento de la actual protección de las costas de Florida es inaceptable”, dice Martínez, repitiendo la posición anti-explotación de los grupos ecologistas.
 
La oposición verde al incremento de la producción petrolera tiene un alcance internacional. Actuando a través de grupos tan diversos como Amnistía Internacional o Christian Brothers Investment Services, los activistas acosan a la petrolera BP por su oleoducto Bakú-Tbilisi-Ceyhán de 3,2 billones de dólares desde el Mar Caspio hasta el Mediterráneo.
 
El reciente incremento de los precios del combustible sólo se debe parcialmente al incremento de la demanda desde países en desarrollo, como China o La India. Los máximos de los precios también están siendo alimentados por el fracaso de la capacidad refinera norteamericana por mantenerse a la altura de la demanda. No se han abierto nuevas refinerías desde 1976 — gracias a las estrictas regulaciones gubernamentales innecesarias, y a la oposición comunitaria, estando ambos factores orquestados incansablemente por el movimiento ecologista.
 
Hay también un montón de gas natural a ser explotado — si nos dejaran los Verdes.
 
Como es puesto de manifiesto recientemente en la página editorial del Wall Street Journal, los ecologistas “han impulsado moratorias con éxito para la nueva exploración de yacimientos de combustible lejos de la línea costera, han luchado por mantener los terrenos federales más ricos en gas lejos de la exploración, y han utilizado demandas para controlar las partes que son accesibles”.
 
Los Verdes también están obstruyendo la importación de gas natural licuificado, al bloquear la construcción de nuevas instalaciones portuarias basándose en los temores de que fueran blancos terroristas.
 
El carbón es una fuente de energía barata y abundante, pero los ecologistas dificultan su uso mediante denuncias histéricas de que la quema de carbón libera “venenos” como el mercurio, al aire. Los ecologistas también se oponen a la tecnología llamada “carbón limpio”, con el argumento de que, aunque se emitan menos cantidades de anhídrido sulfúrico y de óxido de nitrógeno, sigue habiendo emisiones de mercurio.
 
La realidad del tema es que la gran mayoría del mercurio del ambiente viene de fuentes naturales; el mercurio emitido por las plantas de combustión de carbón no está vinculado con perjuicios humanos detectables o con perjuicio del medio ambiente.
 
En cuanto a la energía atómica, los ecologistas agoreros se han asegurado a conciencia de que no haya plantas nucleares de nueva construcción desde los años 70. Están intentando cerrar las plantas de núcleo cerrando la instalación de basura nuclear de Yucca Mountain, en el desierto de Nevada, forzando a las centrales nucleares a almacenar temporalmente los residuos en instalaciones limitadas y políticamente impopulares.
 
General Electric, el fabricante de tecnología nuclear, espera que el temor al calentamiento global y la necesidad de energía interesen al público y a los ecologistas en la energía nuclear. No hay duda de que GE esperaba convertirse en un aliado Verde al anunciar su reciente iniciativa “Ecomagination” con el activista World Resources Institute (WRI). Tal esperanza es bastante inocente, no obstante.
 
El WRI ha trabajado más y más próximamente con los sucedáneos de grupos anti-armamento nuclear como Enviromental Defense o Greenpeace, quien, a propósito, actualmente intenta bloquear la construcción de una planta nuclear en el sureste de Maryland.
 
La crisis energética no se ha presentado porque exista una ausencia de suministro energético barato y lo bastante limpio — nuestro problema es que hemos permitido que los Verdes tengan demasiada poder.


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