Robert Mugabe imita a Pol Pot)
Tras caminar varias millas en busca de trabajo, Martin se detiene a recuperar el aliento. Sentado en un banco en las afueras de la segunda ciudad de Zimbabwe, hablamos, y me habla del movimiento de tropas del que fue testigo recientemente. Sintió las vibraciones de la columna próxima antes de verla. Quizá 20 transportes de tropas blindados de fabricación china se dirigían al centro de Bulawayo, con el objetivo de provocar agitación y destruir las casas y negocios de los que votaron contra el régimen del presidente en el poder, Robert Mugabe, en marzo.
Los maleantes de Mugabe se han hecho más visibles en las últimas semanas, pero se distancian de cualquier demostración de fuerza desnuda, especialmente durante el día. Este convoy viajaba bajo un disfraz patéticamente transparente. Según informaciones independientes confirmadas por Martin, los transportes de tropas estaban camuflados como pacificadores de la ONU, con las letras "UN" en las puertas de sus carros. Pero los soldados que llevaban armas pesadas vestían uniformes del ejército de Zimbabwe, y se les despachó para implementar la nueva política de Mugabe de empujar a los habitantes de tugurios urbanos de vuelta a las partes rurales de las que llegaron.
Mugabe ha estado mirando últimamente hacia el este en busca de apoyo financiero y comercial, pero también de muestras de opresión a su pueblo, dado que sigue la estela del Khmer Rouge de Pol Pot, que destripó ciudades para crear una población más maleable. Después de que Mugabe entregara las granjas propiedad de blancos a sus amigos cercanos que no sabían cultivar, se perdieron un millón de empleos y los trabajadores y sus familias emigraron a ciudades y pueblos. Hoy hay más gente en las ciudades que en el campo. Este añadido a los centros urbanos ha ayudado a que esta gente rural se haga más sensible políticamente, y ha reducido el poder sobre ellos de jefes, jefes de clanes y consejos políticos - toda la gente que Mugabe ha comprado.
Los presentes ataques contra centros urbanos son parte de una estrategia correctiva para obligar a quizá 2 millones de personas a retornar a la tierra. Una vez allí, serán aislados del resto del país y quedarán a la misericordia de los suministros alimentarios controlados por el gobierno. Es más difícil matar de hambre a la gente en áreas urbanas, donde el mundo exterior puede detectar lo que ocurre. En palabras de un granjero desplazado: “La gente no quiere volver a las áreas rurales porque tienen miedo y también saben las dificultades que afrontarán. En verano, será más fácil que la gente - incluso aquellos que han perdido la habitabilidad - vivan de la tierra de bayas y setas salvajes - pero ahora es invierno cerrado y no hay nada”.
Pero controlar esta población se hace cada vez más fácil, dado que han huido millones durante los últimos años, más de 3000 personas mueren cada semana de SIDA, y la mayoría de los licenciados universitarios, muchos de los cuales son activistas, abandonan el país. El resultado ha sido un sorprendente declive de la población, que se reduce a cerca de 10 millones de los 13 millones de hace unos cuantos años. Al gobierno no le importa. En agosto del 2002, Didymus Mutasa, hoy jefe de la policía secreta, declaró: “Estaríamos mejor con sólo 6 millones de personas, con nuestra propia gente que apoya la lucha de liberación”.
A los que se quedan en Zimbabwe les espera un experimento camboyano. Miles de personas a las que se dejó sin hogar en la campaña de limpieza del gobierno están siendo reunidas en campamentos de reeducación y se les dice que pueden tener una parcela para vivienda si juran lealtad al partido del presidente Robert Mugabe. Los que rehúsen serán cargados en camiones y descargados en áreas rurales remotas donde la comida es escasa. Los empleados de derechos humanos dicen que son abandonados deliberadamente para que mueran en un esfuerzo del régimen de Mugabe por exterminar a los opositores.
“Esto es limpieza social para intentar erradicar a la oposición”, dice Trudy Stevenson, una diputada de la oposición cuyo electorado del norte de Harare incluye Hatcliffe, donde los hogares de 30.000 personas han sido demolidos junto con un orfanato para niños cuyos padres han muerto de SIDA. “Es aterrador. Descarga a la gente en áreas rurales para deshacerse de elementos problemáticos cerciorándose de que no puedan retar al régimen”, añade.
Morgan Tsvangirai, líder del principal partido de la oposición, el Movimiento para el Cambio Democrático, convocó una huelga nacional de dos días a principios de junio para protestar por la destrucción de 30.000 viviendas y los arrestos de casi el mismo número de personas. La huelga no fue un éxito enorme, porque la gente es demasiado pobre para perder una oportunidad de comerciar, pero crece la cólera entre muchos que literalmente no tienen nada que perder - sin casa, sin trabajo y sin comida. Un alto funcionario de la oficina del alcalde de Bulawayo, que habla bajo condición de anonimato, dice que la situación ha alcanzado el punto en el que un simple acto o reunión puede llevar a altercados serios.
“El gobierno ha provocado deliberadamente la situación, porque quiere tener una excusa para declarar el estado de emergencia, deshacerse de las leyes, y desplegar las armas en cuya compra gastó millones”.
En los municipios de las afueras de Bulawayo, la atmósfera es tensa. La policía ha montado controles para cerrar las vías de salida. Cualquiera con una cámara, o reuniones en grupo de tres personas con más, afronta arresto. A la vuelta de cada esquina, soldados y policías de paisano están a la espera de cualquier signo de actividad de oposición.
En el mercado de objetos usados del municipio de Emgwamin, los locales plantaron cara recientemente, desafiando a la policía levantando barricadas apenas días después de que los vendedores callejeros fueran dispersados por policías porra en mano y su mercancía fuera requisada por el estado. En las paredes cercanas, pintadas anti-Mugabe declaran lo que la mayoría está demasiado asustada para decir: “Necesitamos combustible, maíz y azúcar, luchemos. Mugabe tiene que irse”.
Pero el control férreo de Mugabe sobre el país se está cerrando. Con cargamentos de armas procedentes de China, incluyendo rifles de asalto pesados, vehículos militares, equipamiento antidisturbios y gas lacrimógeno, Mugabe no se va a ninguna parte. Una figura de la oposición hizo circular una nota de cautela para aquellos que consideraran un levantamiento. “Recordad que estas ciudades fueron construidas por colonialistas blancos que esperaban la insurrección y planearon hacerle frente eficazmente”, dijo a un diario local. Quizá la parte más triste de las ventas de armas a Mugabe es que Sudáfrica, que sufrió el tipo de apartheid que Mugabe está inflingiendo a sus opositores, suministra piezas de repuesto importantes para los helicópteros que serán utilizados para erradicar cualquier levantamiento local significativo.
¿Cuándo intervendrán los vecinos de Mugabe, así como Estados Unidos y el Reino Unido? Antes de fin de este año, Mugabe bien puede estar camino de reducir a la mitad a su población.
Roger Bate es residente del American Enterprise Institute.