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Placer tras el “Non”. Qué significa la caída de la constitución europea para el futuro financiero
Colaboraciones nº 433   |  16 de Junio de 2005
 
(Publicado en Weekly Standard, 14 de junio de 2005)
 
Bien, hemos escuchado ya a todos los actores del eurodrama. Los franceses están enfadados con los británicos por cancelar - ups - posponer su referéndum acerca de la constitución. Parece que no es el “non” francés, sino el aplazamiento británico, lo que ha puesto fin a esta aventura de superestatismo. Los británicos están divididos: algunos descorcharon botellas de champán y bailaron sobre la tumba de la constitución, otros se sintieron engañados por su ocasión de interpretar el papel de asesino, incluso otros honraron la muerte de su esfuerzo más reciente por impulsar el “proyecto europeo”. Los alemanes rechazaron celebrar un referéndum, pero quieren que los polacos sigan adelante con uno; los polacos no están seguros de que sea una buena idea.
 
De la única que no se ha escuchado nada es de América. La posición oficial de Washington es que decidir la estructura de Europa depende de los europeos. La administración diría eso, ¿no?. Después de todo, sería indecoroso expresar alegría oficial por el malestar de Jacques Chirac, que ha intentado convertir la Unión Europea en un bloque antiamericano, y Gerhard Schröder, que ganó las elecciones acumulando desprecios a George W. Bush.
 
Oficiosamente, muchos en la administración están encantados. A los pensativos funcionarios del Pentágono siempre les ha preocupado que el ejército europeo con el que Chirac timó a Tony Blair cuando se firmó el Tratado de Niza rivalizara en recursos con la OTAN. Más importante, el Departamento de Estado, que Condolizza Rice está convirtiendo de centro para minar la política exterior de Bush en ejecutor leal de esa política, considera esto posiblemente como un momento histórico en la historia europea, y una oportunidad para la diplomacia norteamericana.
 
La esperanza es que Francia y Alemania elijan pronto a líderes que sean menos hostiles a América. Se espera que tanto la rival de Schröder, Ángela Merkel, como el rival de Chirac, Nicolas Sarkozy (el segundo hoy Ministro del Interior) ganen las próximas elecciones en esos países. Son “más Atlanticistas” que los titulares a los que desplazarán, lo que son buenas noticias para Estados Unidos..
 
Asimismo, la Casa Blanca esta encantada por un suceso que refuerza la mano de Tony Blair en Europa a expensas del eje franco-alemán. La agenda de Blair para su frugal ascenso como presidencia de la Unión Europea y presidente del G-7 de naciones industrializadas - ayuda incrementada a África y limitación de las emisiones de gas invernadero -- no es la que habría elegido Bush. Pero al menos podemos mirar hacia adelante con algo de alivio en comparación con este ataque oculto incesante que ha caracterizado a la Unión Europea bajo las pasadas presidencias.
 
Lo que nos lleva a los banqueros centrales de América y la comunidad financiera. Han estado preocupados por la posibilidad de que los bancos centrales exteriores reduzcan la porción de sus reservas que mantienen en dólares. Al mantener el dólar, o utilizar dólares para comprar deuda del Tesoro, China, Corea y otros países han mantenido los tipos de interés bajos aquí, facilitando que los consumidores reciban préstamos, y prolongando el boom inmobiliario.
 
Los datos recientes sugieren que estos bancos centrales han estado sustituyendo euros por dólares. Ese cambio podría detenerse ahora. El desorden político en Europa ha planteado dudas acerca de la viabilidad del euro a largo plazo. Roberto Maroni, el ministro de lo social de Italia, ha hecho un llamamiento al retorno a la lira; se informa de que Jochaim Fels, de Morgan Stanley, está preocupado por la sostenibilidad del euro a largo plazo; Martin Wolf, del The Financial Times, escribe, “El euro era un proyecto heroico... Pero las actitudes manifestadas a lo largo de la pasada semana hacen más probable [su] fracaso”; y el Wall Street Journal dice que “los inversionistas necesitan pensar” en la posibilidad de que algunos miembros de la UE emprendan la ardua tarea de abandonar el euro. Eso es lo que el 56% de los alemanes dice que querría hacer, nostálgicos de la prosperidad de la era deutschemark.
 
Hay varios motivos para que la supervivencia del euro esté siendo cuestionada. El primero es que el tipo de interés válido-para-todos, que es el logro necesario de una única divisa, es demasiado rígido para algunos países, apagando su crecimiento, y demasiado flexible para otros, estimulando la inflación. El segundo es que países como Italia han superado tradicionalmente las recesiones devaluando su divisa para estimular su industria de la exportación. Esa opción ya no está disponible para los que adoptan el euro.
 
Más importante, se ha entendido siempre que si va a tener éxito, la unión monetaria tiene que acompañarse de una unión política que haga posible una única política fiscal, y que haga que trabajadores y capital fluyan libremente entre los países miembros. Las votaciones de Francia y Holanda muestran que a los votantes no les apetece más integración. Francia no quiere que entren en tropel fontaneros polacos que fuercen una reducción de los salarios. Holanda no quiere verse abrumada por los empleados de la construcción turcos; y ambos países temen que sus industrias salgan volando a nuevos estados miembros de la UE con menores salarios.
 
Los bancos centrales están encontrando un lugar peligroso en el mundo post-“non”, y concluyendo que los dólares y bonos del Tesoro norteamericano son los activos más seguros a almacenar en sus cámaras acorazadas. Eso debería causar dos cosas: mantener los tipos de interés norteamericanos por debajo de donde estarían de otra manera; y ayudar a garantizar que cualquier ajuste a la baja del valor del dólar que resulte del presente déficit comercial norteamericano sea más probable que sea moderado y gradual de lo que lo era antes del "non" francés.
 
Algunos vigilantes del mercado dicen que aún ven otro efecto más de la incapacidad de la Unión Europea a la hora de poner su casa en orden. Los empresarios franceses y alemanes encontrarán en la Europa del Este de bajos impuestos y en la creciente economía norteamericana lugares atractivos en donde poner su dinero. Cualquier duda de ello fue disipada cuando el nuevo primer ministro de Francia, Dominique de Villepin, anunció planes para reducir el desempleo expandiendo la cifra de funcionarios civiles empleados por el estado y los gobiernos locales. Las esperanzas de reforma económica en Europa parecen haber muerto junto con la constitución.
 
Irwin M. Stelzer es director de estudios de política económica del Instituto Hudson, columnista del Sunday Times (Londres), editor de colaboración del Weekly Standard y colaborador del The Daily Standard.


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