Como se temía en los últimos tiempos a lo largo y ancho de la vieja Europa, los franceses han dado la espalda a la Constitución Europea en un referéndum en el que estaban puestos todos los ojos, dado que el no expresado en las urnas en un país fundador de la UE, marca un antes y un después en la carrera hacia la unión política de Europa.
La respuesta de los franceses ha sido clara: más del 55 % ha mostrado su rechazo, que toma visos de gravedad por ser la respuesta del 70% de los ciudadanos.
Entre los múltiples análisis que pueden hacerse de este resultado cabe señalar en primer lugar, que esta consulta ha sido extraordinariamente importante para los franceses y más cuando la campaña de información ha sido de enorme calado y máxima implicación de todas las corrientes políticas del país.
En segundo lugar, salta a la vista que los ciudadanos franceses han aprovechado este referéndum para pasar factura al gobierno. El mensaje ha sido meridiano: no estamos satisfechos con las políticas adoptadas por ustedes en los últimos tiempos. Parece por tanto, que esta consulta electoral ha sido un claro aviso para navegantes para los gobernantes franceses.
En tercer lugar, aún a sabiendas de lo que supone un no a la Constitución Europea, los franceses y podría incluso decirse, el resto de ciudadanos europeos- teniendo en cuenta la baja participación en las últimas elecciones europeas- no ven como algo cercano la gestión política europea, es decir, el ciudadano de a pie observa Bruselas como algo, que de momento, no le afecta en su hacer cotidiano. Los países europeos siguen militando en sus respectivos países antes que en el conjunto de Europa.
En clave española, cabe hacerse también algunas reflexiones. De todos es sabido la implicación directa y proactiva del presidente del Gobierno español en la campaña francesa. Zapatero ha tratado de trasladar su “efecto ZP” al electorado francés, que a juzgar por el resultado y la escasa cobertura mediática en el país vecino de su intervención en campaña, no parece que haya modificado un ápice la intención de voto francés, antes al contrario, el electorado se ha movilizado todavía más para mostrar su rechazo a la Constitución Europea.
La misma suerte le ha acompañado en Alemania, donde Shröder ha cosechado uno de los más estrepitosos y sonados fracasos en uno de los feudos naturales de votantes de su partido: el resultado de las urnas de Renania-Westafia marcarán el camino a seguir en las próximas elecciones alemanas.
No parece que en tan breve espacio de tiempo gobernando y los cambios pendulares en política exterior, hayan hecho del señor Zapatero un estadista de relieve internacional.
En paralelo, el resultado francés ha puesto de manifiesto la premura con la que se celebró en España esta consulta. Los españoles acudimos los primeros a votar, desoyendo las voces que instaban al gobierno español a que realizase esta consulta a la vez que el resto de los países, de tal guisa que en vez de disfrutar de una campaña informativa en profundidad que nos hubiera permitido votar con mayor conocimiento de causa y que además, hubiera proporcionado un mayor índice de participación, los españoles obtuvimos por toda información la lectura de una serie de artículos generales y que todo el mundo presupone ya, que integran cualquier texto de convivencia general en un país democrático: igualdad, solidaridad, concordia, oportunidades para todos, etc. El texto constitucional comenzó a llegar a los hogares españoles casi en vísperas de la votación y gracias a la labor de los principales medios de comunicación que lo regalaban en sus ediciones dominicales. En un intento del gobierno de implicar a diferentes sectores de la ciudadanía, se eligieron personalidades para la campaña de difusión, que si bien pudieran ser relevantes en sus diferentes profesiones, no parece que su criterio en un tema de esta envergadura tenga especial relevancia por su desconocimiento del tema, algo totalmente lógico y normal, como le ocurre a cualquier ciudadano que no está permanentemente en contacto con estos temas, y cuya opinión tiene más que ver con las simpatías que el personaje en cuestión pudiera motivar en el conjunto de la ciudadanía, que en su conocimiento objetivo y profundo de la cuestión.
Asimismo, queda demostrada la prisa del gobierno en apuntarse el tanto de la pírrica victoria del sí obtenida en España. Recordemos que la participación solo alcanzó el 40%, la más baja en una consulta desde la Transición Española. Queda patente la escasa motivación que consiguió lograr el gobierno, y eso que fue ayudado por el principal partido de la oposición, el único, dado que los socios del gobierno- ERC e IU- abogaron por el no.
Con estos datos en la mano, se pueden sacar algunas conclusiones:
En lo que respecta a Francia, los franceses han dado una vez más una lección de democracia, participando activamente en la convocatoria y llevando a cabo una campaña informativa en profundidad. No obstante, se ha utilizado este referéndum para pasar factura al gobierno de su gestión de los últimos tiempos. Los franceses no están dispuestos a vivir en un eterno populismo. Demandan de sus gobernantes políticas del día a día, como es el tema del desempleo. Las declaraciones del alcalde socialista de Paris, Bertrand Delanoë, no deja lugar a dudas: “cuando los dirigentes renuncian a sus propias responsabilidades y escogen la facilidad y la demagogia, suele producirse este tipo de resultados”. Es claro que las democracias maduras no se dejan arrastrar fácilmente por la vaciedad de palabras huecas.
En España, ha quedado de manifiesto una vez más la prisa del gobierno por legitimar sus resultados del 14 de marzo una y otra vez, cuando nadie pone en duda que el resultado de las urnas es totalmente legítimo. El gobierno tenía tiempo suficiente para informar al electorado en mayor profundidad y desde luego España habría caminado al unísono del resto de Europa. No por mucho madrugar, amanece más temprano.
También ha quedado al descubierto cuán peligroso resulta en política exterior lanzarse en pos de un objetivo sin valorar debidamente los pros y contras: el apoyo a Kerry subestimando las posibilidades de ganar de Bush, la descalificación del autraliano John Howard, la falta de entusiasmo demostrado cuando Blair ha vuelto a ganar las elecciones y la rendición incondicional al eje franco- alemán (o más bien a sus dirigentes) hacen patente la necesidad de considerar que las relaciones exteriores requieren de mucha mano izquierda y de una clara medición de tiempos, esfuerzos y sobre todo, de un meticuloso cuidado en la utilización de gestos y palabras.
España no puede estar a merced de lo que decidan las urnas de otros países. Por supuesto, la política exterior va más allá del mantenimiento de viejos resquemores antiamericanos. Eso no quiere decir que no estemos en Europa como miembros de pleno derecho. Somos europeos por naturaleza y afinidad, vengan los gobiernos que vengan. Trabajar por mantener las cuotas de poder conseguidas en Niza, no solo no nos hace menos europeos, sino que nos integra más en la UE y nos da el sitio que realmente tenemos que tener.
En definitiva, es mucho lo que Europa y España por ende, se juega en estas consultas. El resultado de la balanza afecta al desarrollo político de la Unión Europea, a su ampliación, a su funcionamiento interno, al despegue de la economía comunitaria y al reparto de sus fondos, entre otras cuestiones.
Los ciudadanos europeos observan este proyecto constitucional como algo lejano que no les compete directamente. Es por ello, muy necesario disponer de toda la información y formación posible para opinar y votar adecuadamente. No se puede hacer de un proyecto de esta naturaleza una carrera de obstáculos medida en clave interna de cada país.
Los ciudadanos franceses se han pronunciado alto y claro. Es preciso tomar nota para seguir trabajando por una Europa que satisfaga al ciudadano en la que éste se sienta parte integrante e implicada en su construcción y prosperidad, que le motiven a decir sí al proyecto europeo común.
Es cuanto menos sorprendente escuchar comentarios como el del Secretario de organización de PSOE, José Blanco, cuando propone que se repita la votación en Francia cuando la situación “esté más serena”. El resultado debería invitar a trabajar más y mejor, no a votar hasta que salga lo que queremos que salga.
Los españoles votamos unas elecciones generales hace un año en una situación nada serena. Todos aceptamos los resultados legítimos de las urnas. Por ello, es preciso que el Gobierno trabaje en pos de una España próspera y plenamente integrada en el ámbito internacional, trabajando firmemente para que todos sintamos los beneficios de construir una Europa para todos.