Una de las reflexiones más necesarias dentro del debate ideológico de inicios del siglo XXI radica en la formulación del verdadero papel actual de las izquierdas ideológicas, políticas y culturales a nivel transatlántico, particularmente en el ámbito español y norteamericano. No pretendemos trazar aquí un maniqueo debate entre los siempre difíciles y arbitrarios conceptos ideológicos de “izquierda” y “derecha” política. Para escribir con más propiedad, deberíamos definir las muchas y variadas “izquierdas” ideológicas. Intentar explicarlas todas resultaría labor que excede los límites de nuestro propósito. Pero aclarar lo que en común tienen esas izquierdas en el contexto español y norteamericano no resulta tan difícil, sobre todo si contemplamos el estado actual de uno y otro país, así como el trasfondo ideológico de dichas izquierdas en la vida pública y política. Sin entrar, por tanto, en la clasificación conceptual de tales variantes hay un hecho incontestable: que las izquierdas, en cuanto orientaciones ideológicas surgidas en la época moderna, se configuran todas sobre una misma base que no es otra que la negación de las derechas tradicionales y de los valores occidentales del ideario liberal-conservador (usando siempre la terminología española): la importancia del individuo y el cuidado de la familia, la defensa de la nación y el respeto a la religión; todo ello sobre las bases morales de la libertad, la igualdad de oportunidades y la fraternidad; y también sobre las bases políticas democráticas del respeto al Estado de Derecho, la Ley y la Constitución.
Planteamientos transatlánticos sobre las izquierdas
No entraremos aquí a dar cuenta de los desmanes de las izquierdas transatlánticas hispanoamericanas, ni tampoco de las restantes europeas y a nivel mundial. Remitimos al lector a que revise las fallidas políticas de Vladimir Putin en la antigua Unión Soviética; los recientes varapalos electorales a las políticas de Gerhard Schroeder en Alemania; el fracaso del eje europeo franco-alemán-español apoyado en el odio a los Estados Unidos. En el ámbito hispanoamericano, no hace falta insistir en los errores de Néstor Kirchner en Argentina; de Lula da Silva en Brasil; los atropellos de Fidel Castro en Cuba o de Hugo Chávez en Venezuela. Y lo mismo en las revueltas y climas deteriorados que por obra de las izquierdas radicales marxistas vamos presenciando en otros países hispanoamericanos. En Nicaragua, todavía hoy con el acecho del sandinismo inconformista. En Bolivia, con el permanente chantaje al Gobierno y a la ciudadanía por parte del izquierdista Evo Morales y sus aliados de grupos sindicales e indigenistas instalados en la permanente agitación social. En Ecuador, con la expulsión del Presidente constitucional y el activismo más sectario de los partidos izquierdistas que negocian con las guerrillas colombianas de las FARC y aspiran –en su ingénito antiamericanismo- al proyecto dictatorial “bolivariano” encarnado por el populismo chavista. También podríamos aducir a ejemplos como Puerto Rico –cuyo estatus de Estado Libre Asociado sigue siendo grotesco, sin avances, gracias a la amalgama electoral de las izquierdas y el independentismo isleño, siempre apoyado en el odio a Estados Unidos-.
Mas centrémonos aquí en el caso comparativo del papel de las izquierdas en los Estados Unidos y en España a fin de ver el parecido clima de confrontación de las izquierdas, así como el similar pelaje de algunos personajes de la vida política y cultural de las variadas izquierdas y de su órbita propagandística a uno y otro lado del Atlántico. Cabe señalar que uno de los mitos más comunes entre el público general europeo y español es la creencia de que en los Estados Unidos no existen verdaderas izquierdas políticas. Desde Europa se suele afirmar –casi siempre demagógicamente por parte de los círculos más antiamericanos- que en la vida política norteamericana los dos grandes partidos se ubican en la órbita de las derechas: el Partido Demócrata en el centro-derecha y el Partido Republicano en la extrema derecha. Tales son, al menos, los dictados que salen de las interesadas huestes del socialismo y el comunismo europeo y español. La cosa no es tal, como ya ha mostrado un antiguo senador del Partido Demócrata –Zell Miller- en su significativo libro
A National Party No More, al censurar la radicalización hacia las izquierdas por parte del Partido Demócrata estadounidense. Este aviso y juicio de un político honesto e intachable como Zell Miller, que ha vivido en el seno de la política norteamericana durante varias décadas y que conoce ahora de primera mano al Partido Demócrata, no puede pasar desapercibido.
Aun así, a nadie escapa que el acecho de las izquierdas en Estados Unidos no alcanza los niveles nefastos de España. Un partido comunista de ligazón terrorista, por ejemplo, no tiene espacio en la democracia norteamericana, muy al contrario de lo que sí ocurre en la cada vez más dispersa España de inicios del siglo XXI. Tal es la distancia que todavía separa la asentada democracia norteamericana del comatoso estado de la política española, con una embrionaria democracia y una casi abortada unidad constitucional. En este sentido, resultó ya muy sintomático el ardiente apoyo del socialismo español a la figura del candidato presidencial por el Partido Demócrata John F. Kerry en las últimas elecciones norteamericanas. Hablamos del explícito apoyo que –saltándose las normas, usos y costumbres de la diplomacia internacional- brindó a Kerry el recién elegido entonces Presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero. La cuestión clave para la izquierda socialista española era ir –como fuera y al precio que fuera- contra George W. Bush, igual que antes se había ido contra José María Aznar. Se trataba, en fin, de disminuir el valor del pensamiento político liberal-conservador norteamericano, atacarlo y vilipendiarlo. Como saben ya hoy todos los españoles, estamos ahora todos pagando la nefasta y miope política exterior anti-Bush del gobierno socialista de Zapatero, no sólo por el apoyo expreso e improcedente a Kerry, sino especialmente por la cobarde orden de sacar las tropas de Irak, entre otras cosas.
Pese a las aparentes distancias, las izquierdas españolas y norteamericanas tienen más en común de lo que parece: algo que podemos calificar como un intento por implantar las bases de las izquierdas a nivel mundial. He ahí el peligro y el aviso para navegantes que proponemos en este artículo. Bien mirada, la realidad es que, sin llegar a las posiciones radicales del socialismo europeo y especialmente español, la política en Estados Unidos contempla a día de hoy una creciente presencia de las izquierdas con personajes de la vida pública -tanto en la política como en la cultura popular y mediática- que merecen especial atención, sobre todo si se comparan con similares equivalentes en el caso español. De hecho, una mirada atenta a la actual situación de las variantes de las izquierdas políticas en España y también en Estados Unidos ofrece interesantes datos para establecer una radiografía transatlántica comparativa y compartida de los problemas a los que las democracias liberales y los valores conservadores y tradicionales se enfrentan a inicios del siglo XXI en el mundo occidental. ¿No resulta acaso significativo el paralelo asalto transatlántico -en España y también en Estados Unidos- contra los valores de la libertad, el individuo, la familia, la nación y la religión? Cierto es que los grados de ese asalto desde las izquierdas son distintos, pero todos ellos están bien medidos y con el mismo objetivo: desbancar la presencia política e ideológica de las derechas tradicionales y acabar con las bases del ideario liberal-conservador.
Comparemos los hechos para ver la mentira permanente y transatlántica en la que viven instaladas las izquierdas; más que izquierdas españolas o norteamericanas particularmente, resultan ya casi una suerte de Izquierdas Internacionales. En todos los casos, el ataque contra la libertad se formula en el deseo de romper con las bases de la convivencia, en el apaciguamiento del terrorismo y la capitulación a la defensa nacional y la seguridad mundial: las acciones del ejecutivo de Zapatero y las propuestas de la campaña de Kerry ejemplifican esa ineficacia para hacer frente al terror. Paralelamente, el ataque contra el individuo lo comparten ambos políticos y sus respectivos partidos desde las izquierdas en su permanente visión colectivista de la sociedad, con subidas de impuestos fiscales y utopías socializadoras disfrazadas de “sociedades de bienestar” donde el culpable de todos los males es siempre el “rico” frente al “pobre”. Las izquierdas coinciden también a modo transatlántico en el ataque a la familia: un ataque que pasa por el apoyo indiscriminado a las prácticas del aborto y a la aprobación judicial y activista de los llamados “matrimonios homosexuales”.
El ataque a la nación salta a la vista cuando Zapatero negocia y pacta con partidos independentistas ligados al terrorismo secesionista y cuando también Kerry tenía como plataforma de campaña a grupos activistas de izquierdas radicales como
MoveOn.org, grupo que despreciaba el valor pasado y presente de EEUU como nación. El ataque a la religión judeocristiana, base de nuestra civilización occidental –tanto de España como de EEUU- resulta obvia en el odio al cristianismo compartido por las izquierdas, en el odio a lo judío y a la vertiente cristiana católica. Pese a los maquillajes, las izquierdas norteamericanas y españolas profesan un marcado ateísmo marxista que se apoya en el odio de la espiritualidad. Lo mismo es visible en el Partido Demócrata de un Kerry ligado a grupos anticristianos que reclaman la eliminación del nombre “God” (Dios) en el juramento a la bandera, tan arraigado en el ciudadano americano medio.
Informaciones falseadas y compartidas por las izquierdas
Si descendemos a otros personajes mediáticos y culturales en ambos países, observaremos acciones y actitudes similares que están apoyadas de modo sibilino en la confrontación permanente contra la derecha y sus valores morales tradicionales. Recordemos, por ejemplo, al periodista Dan Rather, el presentador de las noticias de la cadena televisiva CBS, quien despreció la integridad de todo informador y mintió a millones de telespectadores norteamericanos dando por verdaderos unos documentos falsificados sólo para perjudicar al Partido Republicano norteamericano y particularmente a George W. Bush unas semanas antes de las elecciones presidenciales en noviembre de 2004. La cosa no funcionó, pero el intento fue claro. Pensemos también en los constantes despliegues informativos, infamemente manipulados por las izquierdas en Estados Unidos y en España sobre la cuestión de Irak, la mal llamada “insurgencia” –eufemismo para terroristas criminales- o sobre la prisión de Abu Ghraib, donde las maldades de cuatro soldados corruptos e incompetentes (juzgados y encarcelados ya) valieron para desprestigiar a todo el estamento militar norteamericano. Incluso diarios como el New York Times o el LA Times dentro de sus permanentes campañas anti-Bush dedicaron miles de páginas ilustradas con fotografías para machacar un tema que, por otra parte, escondía voluntariamente otras informaciones referidas a los avances en infraestructuras y desarrollo del nuevo Irak gracias a la labor norteamericana. Vale la pena ir a las hemerotecas para recordarlo. A un senador del pelaje como Ted Kennedy –ubicado en las izquierdas del Partido Demócrata- no le tembló el pulso para acusar a su propio gobierno y a su Presidente de torturador haciendo el chiste –de mal gusto- de que Abu Ghraib seguía con sus torturas habituales, con el único cambio de que había cambiado de director, sustituyendo a Bush por Sadam Husein.
En esa línea de la desinformación de las izquierdas norteamericanas, recuérdese también el incidente del mal llamado “marine asesino”, que el pasado noviembre de 2004 aparecía en un vídeo disparando en una mezquita contra un enemigo de las tropas de Al-Zarkawi supuestamente herido. Inmediatamente, y desde todos los frentes mediáticos de las izquierdas internacionales, al marine se le acusó directamente de criminal y a EEUU de país imperialista y asesino. En su día escribimos ya una columna de opinión sobre
el marine, donde defendimos la presunción de inocencia de aquel soldado. No les faltó tiempo a los tanques de la propaganda de las izquierdas para insultar y para saltarse cualquier consideración del derecho humano a la presunción de inocencia. Fuera como fuera, se trataba de culpar al marine y de acabar con cualquiera que lo defendiese. Algunos insultaron, amenazaron y hasta demonizaron a quienes pidieron un juicio justo. Hace unas semanas el juicio realizado acabó dándole la razón precisamente a ese joven marine. Resultó ser inocente y exculpado de toda acusación al haber seguido las reglas de guerra estipuladas, tal y como algunos habíamos escrito ya. Las agencias de noticias y los medios de comunicación ligados a las izquierdas no han dicho, claro está, nada de ese juicio y si lo han hecho ha sido de manera sucinta. A las izquierdas no les interesa, sencillamente, reconocer sus errores con tal de seguir machacando a quienes defienden la libertad.
Más cerca todavía en el tiempo, repárese en la última gran mentira del semanario norteamericano Newsweek –tan cercano siempre a las izquierdas y al Partido Demócrata- sobre el supuesto maltrato del Corán en la prisión militar de Guantánamo por parte de los soldados estadounidenses. Dicha noticia, por sí sola, sirvió de nueva excusa al terrorismo fanático y radical islámico para elevar el antiamericanismo y llegar al asesinato de varios inocentes. La noticia, falsa desde el primer momento, acabó siendo retirada por la misma revista que reconoció públicamente su error, su falsedad y su mentira. Pero todavía hoy la prensa norteamericana simpatizante de las izquierdas –como el New York Times- sigue queriendo posponer el hecho ya irrefutable de la falsedad de tal noticia. Es el odio ingénito a la derecha encarnada ahora en Bush. Es el mismo odio de diarios españoles como El País contra Aznar. Es la permanente y falsa ligereza con que los medios de comunicación de las izquierdas fabrican a uno y otro lado del Atlántico versiones erróneas y manipuladas sobre las supuestas atrocidades del imperialismo bélico norteamericano.
No resulta difícil contrastar estos hechos –que son sólo un breve recuento de la actualidad más reciente- con la permanente distorsión de las noticias que sobre EEUU se da por parte de la televisión pública del gobierno socialista español y también por parte de otras cadenas privadas y medios de comunicación ubicados en el grupo PRISA, desde la Cadena Ser de radio o Canal Plus de televisión hasta el diario
El País. Entendemos así que la vasta movilización de las izquierdas antiliberales y antidemocráticas de la que ha escrito recientemente Byron York en su libro
The Vast Left Wing Conspiracy no se limita al ámbito norteamericano, sino que en Europa y particularmente en España adquiere una quinta columna de especial e incansable fuerza. Aun así, cabe aclarar que el ciudadano norteamericano tiene la oportunidad de contar con medios de comunicación ubicados en el ideario liberal-conservador. De este modo, es capaz de discernir entre realidad y fantasía, verdad y mentira. Sin embargo, en España –tras una nefasta política de medios de comunicación por parte de la derecha- abunda tanto la manipulación desde las izquierdas que lo poco que queda para hacerle frente es inmediatamente cortado, silenciado o tildado cuando menos de “derechona”, cuando no de fascista. Es por ello que lo que queda de noble en las izquierdas –si algo queda- necesitaría volver a figuras honestas de la política. En España, pensamos en figuras como Nicolás Redondo Terreros y en Estados Unidos en miembros del Partido Demócrata como Joe Lieberman, por ejemplo. Pero ni Redondo ni Lieberman configuran ya el grupo fuerte de sus respectivos partidos. A uno se lo quitaron del medio y el otro sobrevive sólo gracias y afortunadamente al apoyo del lobby demócrata judío.
Figuras y falsedades de las izquierdas
Si nos centramos ya en figuras políticas y sociales concretas a ambos lados del Atlántico, no resulta difícil encontrar paralelismos de las izquierdas a uno y otro lado del Atlántico. Recordemos, para empezar, los falsos testimonios de John F. Kerry sobre sus labores militares en Cambodia, cuando mintió al asegurar que en 1968 fue enviado allí por Richard Nixon (cuando éste todavía no era ni presidente) una Nochebuena en la que –según testimonio de Kerry- oyó a los soldados vietnamitas cantar villancicos. Se trataba de otra más de las falsedades del senador aspirante a presiente porque –como ya se demostró- los vietnamitas son budistas y no celebran la Navidad. A Kerry le sacaron los colores y las mentiras los miembros del grupo de veteranos de guerra “Swift Boat Veterans”, quienes estuvieron allí en esa misma guerra con Kerry y contaron las falacias del candidato demócrata en el documentado libro de John O´Neill
Unfit for Command: Swift Boat Veterans Speak Out Against John Kerry. A día de hoy, Kerry todavía no ha hecho públicos –como prometió- todos sus documentos militares.
En España, lamentablemente, las figuras prominentes de las izquierdas mienten con tal de acabar con las derechas. Mienten cuanto quieren y la derecha –que sigue acomplejada y adormilada en su gran mayoría en España- no sale al paso de las falsedades de estos personajes de las izquierdas. Bastaría recordar el silencio sobre la “X” del terrorismo de estado que fueron los GAL del socialismo de Felipe González. Bastaría escarbar en el pasado escondido y antidemocrático de editorialistas de las izquierdas de hoy, como Eduardo Haro Tecglen, franquista ayer y socialista hoy; bastaría repasar la discografía y ver los elogios a Francisco Franco por parte del cantautor Víctor Manuel en los años sesenta, el mismo cantautor que se hizo comunista al llegar la democracia y que, millonario hoy, sigue silenciando su pasado antidemocrático como tantos otros en España. En el mundo de la comunicación española, bastaría recordar las falsedades vertidas contra periodistas como Federico Jiménez Lozanos –disparado en su día por defender España en Cataluña-, o el ya hoy demostrado montaje de vídeo vertido contra el director Pedro J. Ramírez para quebrar su carrera profesional y su diario –El Mundo-, precisamente por contar verdades sobre el terrorismo de estado socialista que las izquierdas querían silenciar. La mentira, la manipulación y la tergiversación, cuando no la extorsión, son la bandera que enarbolan siempre las izquierdas, sobre todo en una España abocada al odio a las derechas bajo la reinvención de la historia.
Volviendo a Estados Unidos, nos encontramos también con figuras políticas falsas y manipuladoras como Howard Dean, actual Director de la Campaña Electoral del Partido Demócrata. Dean mintió conscientemente sobre el Presidente Bush y aun lo culpó directamente por los ataques terroristas del 11-S. Luego hubo de retractarse pero del insulto, algo quedó, como siempre ocurre. Lo mismo puede decirse de los senadores demócratas negros Al Sharpton y Jesse Jackson, cuyas carreras se apoyan en el permanente discurso de la victimización y en la opresión de blancos sobre negros. En el caso de Sharpton cabría recordar la manipulación de hechos del pasado sobre su ayuda prestada a una inexistente violación a un niño. Y así también otro senador demócrata de Massachussets –el conocido Ted Kennedy- en cuya vida política aparece un episodio turbio todavía por aclarar sobre la muerte de su compañera “ahogada” en circunstancias más que misteriosas y ligadas al conocido alcoholismo del senador en un accidente automovilístico.
Por España pululan también varios ejemplares de las izquierdas políticas más falaces y mentirosas. No hace falta volver a la corrupción y malversación de fondos públicos durante los gobiernos de Felipe González. Tampoco cabe mencionar las tramas de financiación ilegal y los actos de la llamada “banda de interior”. Pero más recientemente, ¿cómo es posible que los ciudadanos españoles se estén enterando de lo ocurrido en la masacre terrorista del 11-M a través de los agujeros negros que nos cuenta por entregas el diario El Mundo? Para poco o nada sirve la inútil Comisión parlamentaria del 11-M. La respuesta es que la mayoría de sus miembros –excepto el único partido nacional de la derecha que es el Partido Popular- no tiene interés alguno en aclarar unos hechos. Así se garantiza –al hilo de las burdas mentiras de los días posteriores al 11-M- la inculpación permanente a la derecha y al gobierno Aznar. Por eso, al final, los que dijeron la verdad desde la derecha gobernante han pasado en la mayoría de los medios de comunicación en España como los mentirosos. Y todo, una vez más, por obra y gracia del arte de la manipulación de políticos de las izquierdas como Alfredo Rubalcaba, Gaspar Llamazares y sus círculos socialistas y comunistas.
Regresemos a Estados Unidos y escribamos brevemente de su elogiado ex-presidente por el Partido Demócrata: Bill Clinton. Según su declaración, nunca tuvo una relación sexual con la becaria Monica Lewinski. Hoy sabemos que Clinton mintió bajo juramento a todos los norteamericanos, cosa grave aunque perdonada por los medios de las izquierdas. Es significativo que hasta el asesor del propio Clinton, el excelente analista político Dick Morris, haya tenido que reconocer en sendos libros el bajo calado moral de la pareja de Bill y Hillary Clinton. Lean si no los detalles sobre la trama de los Clinton relatados por Morris en
Because He Could (sobre Bill) y, especialmente en
Rewriting History (sobre Hillary), donde algunos hechos resultan espeluznantes para conocer el talante de las izquierdas norteamericanas encarnadas en estos dos políticos. Y no olvidemos que con gran probabilidad Hillary Clinton se presentará como candidata –y posiblemente obtendrá la nominación por su partido- para las próximas elecciones presidenciales en 2008. Lo mismo ocurre con quien fuera vicepresidente de la administración Clinton, el conocido Al Gore –cada vez más radicalizado hacia las izquierdas- quien ha seguido insultando a Bush y a su administración, incluida la Secretaria de Estado -Condoleeza Rice- en un gesto de rencor y odio que ha llevado a Gore al fracaso más estrepitoso entre sus votantes.
Es el mismo fracaso de todas las izquierdas norteamericanas, cuya cabeza visible popularmente es un tipo tan moralmente repugnante como Michael Moore –inivitado especial al congreso del Partido Demócrata para elegir a Kerry el pasado verano-. Moore es otro tergiversador de la realidad al servicio de las izquierdas más radicales del Partido Demócrata y cuyo pelaje fue rechazado también mayoritariamente por el pueblo norteamericano en las pasadas elecciones. Sus documentales, especialmente el último “Farentheit 9-11” quedó ya ampliamente descalificado al mostrarse sus mentiras y falsificaciones de la realidad en otro excelente documental titulado
Fahrenhype 9-11 y que –como siempre ocurre- se intentó silenciar nuevamente tanto en España como en EEUU.
Así resulta tan patético aceptar las acusaciones que de “mentirosos” se lanzan en España contra la derecha y contra el Partido Popular. Lo mismo pasa en EEUU contra Bush y contra el Partido Republicano. Quienes desde la izquierda mienten, son casi siempre justamente los que acusan a la derecha de sus propios pecados. Pero mienten porque saben que si confiesan abiertamente sus intenciones, la mayoría de la ciudadanía no los votaría. Por eso el socialismo español mintió tras la masacre del 11-M, en nueva manipulación mediática. Por eso ganaron las elecciones, pese a quien pese. Por eso y por la capitulación de media España al terrorismo. Es así que también en Estados Unidos, Kerry utilizó falsamente símbolos y palabras en su campaña, como el saludo militar en la Convención Demócrata de julio de 2004, al igual que sus ambiguas respuestas ante cuestiones sobre la religión, el aborto y los matrimonios homosexuales. Pero en EEUU ya vimos en las últimas elecciones el rechazo absoluto a esas izquierdas de la mentira.
En España, acabaremos viendo lo mismo cuando el tiempo llegue y cuando las derechas decidan, sin complejos ni concesiones, desenmascarar tanta farsa y tanto sectarismo. Y también cuando algunos españoles despierten de su capitulación y de esa pesadilla de la sinrazón que fue la masacre del 11-M. Para llegar eso hace falta enfrentarse a la realidad del terrorismo, con la legalidad, con la defensa del Estado de Derecho y la no negociación con los terroristas. En esa labor, debe incluirse la pública denuncia de la falsedad de las izquierdas políticas al realizar pactos con los terroristas y con cuantos ponen en peligro la unidad constitucional y nacional de España y de Estados Unidos.
De momento, la realidad actual nos muesta que aquellos nefastos integrantes –según las izquierdas- de la famosa “Foto de las Azores” (Bush, Blair, Durao Barroso y Aznar), preámbulo de la “injusta” e “ilegal” Guerra de Irak han sido reelegidos en sus mandatos: Bush en Estados Unidos y Blair en Inglaterra; o bien han tomado otro puesto aún más elevado (Durao Barroso); o se han retirado voluntariamente de la vida política por iniciativa personal anunciada mucho tiempo antes (Aznar). Y eso sin mencionar los triunfos electorales de otros políticos presidenciales de la coalición que apoyaron abierta y valientemente a Estados Unidos en la Guerra de Irak: el caso de John Howard en Australia es el más significativo. En cambio, precisamente quienes desde las trincheras de esa ideología de las izquierdas atacaron a los integrantes de aquella “Foto de las Azores” y quienes intentaron impedir aquella justa Guerra de Irak, van paulatinamente siendo refutados por el electorado de sus propios países. Baste como botón de muestra, y como aviso de navegantes, los recientes fracasos electorales de Gerhard Schroeder -el último en los comicios regionales alemanes de Renania del Norte-Westfalia- y la más que posible pérdida de la cancillería alemana por parte de Schroeder a favor de las derechas de Angela Merkel. Lo mismo podemos decir del cada vez más debilitado presidente Jaques Chirac, al que el pueblo francés ha negado recientemente su confianza con un “no” rotundo a la mal llamada Constitución Europea. Con ese mensaje aparece también un claro debilitamiento de las izquierdas socialistas francesas.
Estos son los mismos fracasos que siguen –pese al maquillaje de los medios de comunicación de las izquierdas españolas y europeas- al abstencionismo que para dicho referéndum se dio también en la España de Zapatero. Y todo, a pesar del cacareado triunfo que iba a anunciar una nueva Europa. Mientras la Europa antinorteamericana forjada sobre el ya alicaído eje franco-alemán –y el seguidismo socialista español- entra en la deriva, lo mismo ocurre con instituciones como la Organización de Naciones Unidas, cuyo líder Kofi Annan y su séquito –siempre tan sonrientes con todas las tiranías, incluido Sadam Husein- aparecen ahora en medio de escándalos de corrupción y robo de millones de dólares en la farsa del programa “Petróleo por alimentos”.
Activismo judicial y popular de las izquierdas
Centrándonos de nuevo en la política norteamericana, las tácticas de las izquierdas no se detienen pese a sus constantes fracasos y pese al rechazo general de la ciudadanía. En estos momentos, por ejemplo, se está librando una tremenda lucha en el sistema político estadounidense, con las izquierdas del Partido Demócrata enconadas en realizar un boicot filibustero que nunca antes había ocurrido en los más de dos siglos de democracia norteamericana: consiste eso en impedir la aprobación de varios jueces federales elegidos –según manda la Ley, por el Presidente- por considerarlos demasiado “conservadores”. El episodio –que incluye otras nominaciones del Presidente- se extenderá cuando se trate del relevo de varios miembros del Tribunal Supremo. El Partido Demócrata insiste en colocar sólo a jueces que respondan al ideario “progresista” de las izquierdas y que interpreten la Ley y la Constitución a su modo a fin de realizar un activismo judicial que rompa con el respeto a las instituciones y al Estado de Derecho propio de los jueces de las derechas, o sea de los principios liberales-conservadores que propone el Partido Republicano. Episodios pasados como el veto al Juez Robert Bork, la manipulación en torno al Juez Clarence Thomas o lo que ocurrirá en estos próximos meses para reemplazar al Juez William Rehnquist ejemplifican cuanto apuntamos.
Si trasladamos todo esto al caso español, el sistema es todavía más lamentable puesto que los jueces no son vitalicios como en Estados Unidos, sino que dependen del favor de los políticos, con lo que hallamos episodios nefastos en España dentro del Tribunal Constitucional y en el Tribunal Supremo, con sentencias que no se respetan y que constituyen la piedra clave del activismo judicial de las izquierdas con jueces como Baltasar Garzón metido en su día a candidato político socialista. Tal es la independencia del poder judicial que proponen siempre –y a modo transatlántico otra vez- las izquierdas más sectarias.
A la luz de todos estos ejemplos, no es difícil ver la permanente costumbre de las izquierdas políticas de mentir y manipular los hechos, de cambiar las cosas y de disponerlas a su conveniencia con el objetivo casi único y primordial de quebrar los valores tradicionales que forman parte del ideario de las derechas. Lo preocupante es que en las izquierdas –y bajo la enseñanza de marxistas como Antonio Gramsci- hay una paciencia innata para seguir minando a las derechas y a su ideario liberal-conservador. Incluso en los momentos históricos donde la derrota política de las izquierdas parece obvia, como al final del siglo XX con la caída del comunismo, las izquierdas culturales sobreviven el naufragio y se injertan intelectualmente en centros de la cultura popular y académica que insisten en el cambio “social” a través de la tergiversación de los hechos y las realidades. Cualquier error político de las derechas políticas o de individuos o elementos ligados a ellas es siempre multiplicado y convertido en caldo de cultivo para lanzar innumerables ataques y tergiversaciones. Incluso las figuras más vergonzosas y nefastas de la historia de las izquierdas -como Stalin o el mismo Castro- aparecen entre la masa idiotizada como arquetipos de la libertad, en especial entre la juventud. Basta recordar el célebre logotipo de un personaje tan moralmente despreciable como el Ché Guevara. En el ámbito cultural, lo mismo podríamos hablar de los mitos de las izquierdas en figuras tan servilmente antidemocráticas como Gabriel García Márquez, Pablo Neruda, Rafael Alberti y una larga lista de lo que en otro lugar venimos calificando de “mitos socialistas”.
Desde esos mitos multiculturales, alianzas de civilizaciones y absurdos talantes, las izquierdas han ido invadiendo los espacios académicos y universitarios en los que se esconde y apoya a grupos terroristas –vascos secesionistas en España e islámicos antisemíticos en los EEUU-. Han invadido también los círculos sociales y hasta los políticos y religiosos, como mostró ya la farsa de la mal llamada “Teología de la Liberación”. No resulta muy difícil comparar el odio a la libertad de expresión por parte de las izquierdas a uno y otro lado del Atlántico. En el caso español, no hace falta ir muy lejos para ver las campañas de intimidación contra cualquier intelectual, historiador o investigador que se atreva a defender en público la idea constitucional de España. Basta recordar las amenaas y pancartas contra una socialista honesta como Gozotne Mora en las universidades vascas y catalanas. Lo mismo podemos recordar con los recientes hechos de difamación contra el historiador español Pío Moa, sólo por plantear con documentación y éxito editorial una revisión a fondo de los aspectos históricos de la historia de España; y sólo por apuntar a una necesaria revisión de las invenciones de las izquierdas en torno a la Guerra Civil Española.
Si extrapolamos estos hechos al caso norteamericano, basta pensar en los insultos y pasteles lanzados contra profesores y conferenciantes ubicados en el pensamiento liberal-conservador de las derechas. Bastaría mencionar los nombres de Bill Kristol, David Horowitz, Anne Coulter o Pat Buchanan para comprobarlo. Son las mismas tácticas de siempre de las izquierdas: las de intimidación y de odio a la libertad de expresión a fin de acallar las bocas de quienes disienten con la cultura de las izquierdas y de la demonización de los conceptos e ideas nacionales, tanto de España como de Estados Unidos. De igual modo, y desde los centros de las izquierdas más elitistas y ridículas –léanse las academia cinematográficas- se premian incluso en un mismo año películas similares que promueven agendas ideológicas a favor de la cultura de la muerte, o sea la eutanasia: piénsese en películas premiadas como “Million Dollar Baby” en Hollywood y “Mar adentro” en Madrid. Y en eso precisamente coinciden estos titiriteros de la izquierda, con farsantes millonarios de izquierdas tanto en Madrid como en Hollywood elogiando a un tirano asesino como Fidel Castro –según ha demostrado Humberto Fontova para el caso norteamericano en su reciente y bien documentado libro
Fidel: Hollywood's Favorite Tyrant.
Soluciones a corto y largo plazo
Para lograr el triunfo de la libertad y de la verdad hace falta conocer a los enemigos, constatar su común empresa ideológica, política y cultural. Hace falta contar con un debate político real, con una explicación detallada de las cuestiones claves de la situación mundial a inicios del siglo XXI. Hace falta acabar con las sonrisas y las concesiones al terrorismo, venga de donde venga. Se requiere acabar con los mimos a la corrupta ONU y las frases del talante y el diálogo falseado e inútil. Hace falta que las derechas mundiales unan sus fuerzas para defender los valores de la democracia occidental en el mundo. Y lo más importante, es necesario explicar claramente al ciudadano las políticas fallidas de las izquierdas, sus verdaderos propósitos tanto a nivel nacional como internacional. Hace falta también exigir a quienes se califican de derechas el mantenimiento de unas políticas absolutamente volcadas a generar libertad, justicia y seguridad en el marco de sociedades abiertas a la igualdad de oportunidades. Por eso, cuando alguien públicamente cuestiona las falsedades de las izquierdas, las respuestas son inmediatas; se apoyan casi siempre en el insulto, en la extorsión o en la amenaza.
Podemos dar fe de las múltiples instancias en que simplemente por opinar públicamente se reciben ataques personales, insultos y hasta amenazas. Porque defender las ideas tradicionales sobre la familia, la nación o Dios –cualquiera que sea su confesión- resultan hoy objeto de mofa por parte de las izquierdas, tanto de las españolas como de las norteamericanas. Vale la pena no confundir esto; se necesita haber vivido en España y también en Estados Unidos para comprobar ese panorama doble, compartido y para ver cómo cada vez se intentan imponer a nivel transatlántico agendas similares: la aceptación del aborto como hecho natural, la implantación de los “matrimonios homosexuales”, la extirpación de la religión de la educación o la tendencia al relativismo ético y moral sobre la base de falsos “multiculturalismos” y de lo “políticamente correcto”.
A la luz de estos personajes y estas actitudes tan poco democráticas como escasamente morales, los círculos de las izquierdas políticas norteamericana y española, aunque parezcan estar separados en muchas de sus prácticas y visiones, constituyen conjuntamente la órbita de un satélite común: el de esas Izquierdas Internacionales que desprecian la libertad, rechazan la verdad y optan por la manipulación de datos y hechos para alcanzar sus fines; son las izquierdas que fustigan los verdaderos ideales de la democracia liberal; las que supeditan la libertad individual y aun la Constitución por un puñado de votos y el avance egoísta de utopías de raíz marxista. Estamos ante las mismas izquierdas plagadas de filibusteros que a uno y otro lado del Atlántico siguen poniendo en jaque la Constitución, rechazando veladamente los valores de la civilización occidental, los de la tradición religiosa y espiritual judeocristiana, que es –insistimos- la base de Occidente. Estamos, en fin, ante las mismas izquierdas que han cedido ya al chantaje del terrorismo, que vegetan sólo en una existencia apoyada en los valores vacíos del marxismo ateo donde ni Dios, ni nación, ni democracia, ni libertad, ni historia tienen ya sentido alguno. En ese nihilismo existencial y en esa incompetencia para elevar el espíritu a cotas más nobles y más altas es donde estas izquierdas insensatas apoyan su discurso demagógico y populista.
Los líderes del socialismo español actual (los Zapatero, Blanco, De la Vega, Rubalcaba…) son enanos -políticamente hablando- si los comparamos con los hábiles políticos de las izquierdas norteamericanas. Pero no podemos dejar de señalar el dudoso pelaje de senadores como Robert Byrd -antiguo miembro del Ku Kux Klan-, de Harry Reid –que llamó perdedor a Bush frente a un grupo de niños-, de Charles Schumer, Barbara Boxer, Patrick Leahy, Richard Durbin, del citado Ted Kennedy y hasta de la misma Hillary Clinton. En todos, a uno y otro lado del Atlántico, yace un común odio visceral contra las derechas y contra el ideario liberal-conservador. Porque el enemigo de las izquierdas es siempre el mismo: los valores claramente establecidos por la tradición de las derechas. En décadas pasadas el enemigo se llamó Ronald Reagan o Margaret Thatcher, luego se llamó José María Aznar y ahora es George W. Bush. Mañana, ya veremos, pero sea quien sea, será también el enemigo a batir desde las banderas de las izquierdas. El grave problema es que el verdadero enemigo de la libertad siguen siendo precisamente las prácticas políticas de esas izquierdas tan poco democráticas y tan sonrientes con los terrorismos y los fanatismos asesinos. Porque el enemigo detrás de todo ello sigue siendo, no podemos olvidarlo, el terrorismo, justo con el que se alían en España las izquierdas, como muestra la existencia de un gobierno tripartito de izquierdas en Cataluña y como prueba el enlace socilalista con Zapatero, Maragall y Carod Rovira. Ante eso, todos estamos en peligro, incluso estos cicateros políticos del socialismo más retrógado e ineficaz.
En fechas recientes, el jefe del Estado Mayor de la Defensa en España, el general del Ejército Félix Sanz Roldán, se preguntaba por qué España no utilizaba el Ejército en la lucha contra el terrorismo, igual que ha ocurrido en muchos otros lugares del mundo civilizado, incluido el Ulster. El complejo de las derechas en España en lo tocante a lo militar y el odio permanente de las izquierdas al estamento militar democrático ha impedido que la democracia española se defienda plenamente del terrorismo poniendo en la lucha contra el terrorismo todos los recursos que sean necesarios en el marco de la legalidad constituyente. Por eso es importante tener la valentía de intentar ver claro y de entender la amenaza que se nos ciñe en este siglo XXI si seguimos dejando que estas izquierdas más sectarias y radicales controlen nuestras sociedades bajo los falsos discursos de la mentira y el ataque a los valores tradicionales, o sea los ubicados en el ideario liberal-conservador.
Todo esto y algo más –siempre en sus diferentes grados y especificidades- es lo que se halla en el satélite marxista de las izquierdas políticas a nivel transatlántico. Pese a las posturas fingidas, no olvidemos tampoco el escaso afecto que las izquierdas norteamericanas –sobre todo el ala radical del Partido Demócrata- tienen también por el ejército como medio de lucha contra el terrorismo. Pero eso no es nada comparado con la ineficacia española. Vale la pena no pasar por alto estas cuestiones. Vale la pena recordar los circuitos constitucionales que en el caso de España existen para ser utilizados en la defensa de la unidad nacional y la seguridad de los ciudadanos. Vale la pena no olvidarlo. Sobre todo porque nos hallamos ante el intento paciente y paulatino de imponer calladamente una cultura de raíz marxista en Occidente y también en todo el mundo: una cultura que acabe con la libertad, con el derecho a la vida; una que sustituya al individuo por el colectivo, que secularice la vida y que acabe, a fin de cuentas, con nuestra tradición religiosa de corte judeocristiano; una forma de vida impuesta que rompa con los principios tradicionales que han hecho de la civilización occidental la más avanzada y la más libre del planeta.
El siglo XX nos queda todavía bastante cerca como para no volver la mirada y aprender de él las inmensas y tristes tragedias humanas de un siglo de guerras y totalitarismo. No resulta difícil recordar la heroica defensa de la libertad para Europa liderada por Estados Unidos contra los totalitarismos de la izquierda estalinista y del nazismo (o sea, nacional socialismo) de otro tirano como Adolf Hitler. No hace falta recordar el valor de los Estados Unidos para generar la paz en Europa. En ese aprender de la historia es fácil entender que mientras las izquierdas avancen instaladas en la permanente mentira y la manipulación, la libertad pierde. Sin ella, perdemos todos porque la vida no vale la pena vivirse si no hay libertad. Y sin ella, no hay ni Estado de Derecho, ni Constitución, ni ciudadanos. Hay caos, hay anarquismo, hay muerte. Testimonio de ello y de cuanto decimos es la afanosa búsqueda de los valores de las derechas en lo que hasta hace poco fueron países controlados por las izquierdas socialistas y comunistas.
Alberto Acereda es catedrático en la Arizona State University, escritor y analista político, especialista en temas culturales transatlánticos.