¿Cuánto tiempo planea tolerar la administración Bush el circo del terror del rais de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbás?.
Con vistas a su visita a la Casa Blanca con el Presidente norteamericano George W. Bush este jueves, Abbás dijo el sábado que planea exigir que Washington aumente sustancialmente su ayuda política y económica a la AP.
Abbás cree tener derecho a esperar el apoyo norteamericano por haber salido tan bien parado de sus promesas de reformar la AP. Le dirá al presidente que, justo como prometió, ha reformado las fuerzas de seguridad de la AP. Le dirá a continuación al presidente que al alcanzar un acuerdo con Hamas de una pausa en los ataques terroristas contra Israel, ha hecho su parte a la hora de combatir el terrorismo. Finalmente, le dirá al presidente que en aras de impulsar las elecciones legislativas de julio de la AP, él es exactamente el modelo de líder democratizador, en sintonía con el plan de Bush de llevar libertad y liberación al mundo árabe.
Todo esto son mentiras. Las afirmaciones de Abbás se basan en una distorsión del lenguaje. Con vistas a la reunión del presidente con Abbás, es apropiado por tanto que entendamos cómo ha retorcido el significado de los términos “reforma,” “combatir el terrorismo” y “democracia” para servir a sus intereses, todo los cuales son intrínsecamente hostiles a todo lo que Bush está intentando alcanzar en Oriente Medio.
Hace tres años, Bush hizo un llamamiento a que la AP transformase sus 13 servicios de seguridad de organizaciones terroristas a milicias contraterroristas. Este requisito fue inmediatamente vaciado de toda sustancia por los palestinos y sus amigos, el entonces primer ministro y hoy vicepremier Shimon Peres, los jefes de la UE, y la Oficina de Oriente Próximo del Departamento de Estado norteamericano. En cuestión de un segundo, el llamamiento a un reacondicionamiento fue retocado a un llamamiento a la reorganización. De pronto, el principio y final de la reforma de seguridad de la AP consistía en la fusión de las 13 fuerzas palestinas en tres organizaciones proto-militares bajo una cadena clara de mando.
Este requisito tenía la ventaja de ser concreto y medible, pero la desventaja de carecer completamente de sentido. Mientras los servicios de seguridad de la Autoridad Palestina estén implicados activamente en el terrorismo, ¿a quién le importa el modo en que estén organizados?. Está más que claro que Abbás ha fundido en realidad sus diversas milicias en tres grupos, como afirma haber hecho. Pero lo que es absolutamente obvio es que ninguno de ellos está tomando acción ninguna de cualquier tipo contra las células terroristas. Al contrario, están incorporando abiertamente a conocidos terroristas a sus filas.
Durante años, Abbás afirmó constantemente que no tomaría acción alguna contra las organizaciones terroristas Hamas, Fatah o la Jihad Islámica. Su mantra ha sido siempre que no iniciará una guerra civil palestina. Dado que reemplazó a Yasser Arafat el pasado mes de noviembre, lejos de cambiar su opinión de que nada debe perjudicar a los terroristas, les ha reforzado en cada uno de los medios posibles. Las primeras medidas que Abbás tomó implicaban legitimar a estas organizaciones reuniéndose abiertamente con sus líderes. A continuación, buscó el modo de incorporar a Hamas y a la Jihad Islámica a la OLP (de la cual su partido y grupo terrorista Fatah es la facción mayoritaria). Acordó financiarles a través del presupuesto de la AP y prodigó respeto y adulación.
DESDE EL PASADO DICIEMBRE, Abbás lleva vendiendo a Israel y a los Estados Unidos la ficción de su tregua con los grupos terroristas. Esto es una tregua mágica que concluye de nuevo a diario, justo después de que los francotiradores palestinos hayan finalizado sus ataques terroristas contra los objetivos israelíes de ese día.
Y, a diario, la prensa informa debidamente de que se ha alcanzado una tregua e ignora el hecho de que, por una parte, Israel es el único lado que ha dejado de luchar y, por la otra, que las fuerzas de seguridad “reformadas” de la AP están ayudando a los grupos terroristas a rearmarse con misiles, morteros, bombas, armas antiaéreas y antitanques, armas ligeras, cohetes y munición.
Determinando la situación cada vez más peligrosa, el alto mando del ejército, desde el jefe de personal hacia abajo, ha alertado de que esta reorganización y rearme es el preludio de la próxima ronda bélica programada para comenzar el día después de que el ejército expulse a 10.000 judíos de sus casas, escuelas, negocios, granjas y cementerios de Gaza y norte de Samaria este verano. Como consecuencia de esa operación, el Ministro de Defensa, Shaul Mofaz, mencionó puntualmente la semana pasada que 43 comunidades del Negev se encontrarán dentro del alcance de los misiles palestinos [lanzados] desde Gaza. Esto, por supuesto, será una situación temporal, dado que sin duda los palestinos extenderán rápidamente el alcance de sus misiles en el momento en que el ejército ya no esté rondando para impedirles hacerlo.
En cuanto al proclamado ardor de Abbás en favor de la democracia, es importante observar el carácter de los soportes de apoyo que se está construyendo para sí mismo. Durante su campaña a la cúpula de la AP en diciembre y enero, salió corriendo a ganarse al público palestino visitando a los jefes del terror de Siria y El Líbano, y haciéndose fotografiar cada día con los hampones del terror de ciudades y aldeas palestinas.
Desde su elección, el trabajo pro-democracia de Abbás ha implicado permitir a Hamas participar en el proceso electoral palestino; firmar las sentencias de muerte de los palestinos acusados de ayudar a Israel a combatir el terror; y disparar la incitación en los medios de la AP contra Israel y Estados Unidos. De hecho, lo único a lo que señalan las maquinaciones “pro-democracia” de Abbás es a lo prematuras que son en realidad las convocatorias a elecciones y al estado palestino.
Pero, en lugar de alcanzar esta conclusión directa, la administración Bush ha estado ignorándola voluntariamente. Este fin de semana supimos que el representante aquí de la Secretaría de Estado Condolizza Rice -- el coordinador invisible de seguridad norteamericana para la AP, el General William Ward – ordenó que el gobierno liberara a otros 400 terroristas palestinos de la cárcel y permitiera volver a la AP de su exilio europeo a los terroristas del sitio a la Basílica de la Natividad en el 2002.
El argumento de Ward aparentemente es que Israel no puede esperar que Abbás cumpla con sus compromisos con Israel (y con Bush) a menos que cumpla las promesas que hizo a Abbás en la cumbre de Sharm e-Sheikh el pasado febrero. Como informó Haaretz, Ward dijo a los interlocutores israelíes: “Ustedes se quejan de que los palestinos no cumplen sus compromisos pero, ¿qué hay de sus compromisos?”.
Así que en lo que respecta a Ward, para que Abbás luche contra el terrorismo, es necesario que Israel refuerce a los terroristas.
La administración Bush parece absolutamente comprometida a garantizar que la AP no se convierte en un estado fallido del tipo de Somalia o El Líbano. Y aún así, al salir corriendo a consolidar a Abbás para evitar el caos, Estados Unidos respalda su apuesta de establecer un estado palestino del mal.
Si el Presidente Bush realmente cree en su visión de libertad y democracia para los palestinos, tendría motivos de sobra para decir a Abbás que mientras las opciones sean un estado palestino fracasado o un estado palestino perverso, Estados Unidos opta por ningún estado palestino.