La universidad española – a través del Consejo de Coordinación Universitaria- está actualizando el catálogo de titulaciones universitarias al marco europeo de la educación superior. En principio, el objetivo es que los títulos sean homologables automáticamente en todos los países de la Unión Europea. Sin embargo, resulta tan notable como preocupante la gran reducción de títulos en las áreas de Humanidades, en especial en lo que afecta a los estudios de lenguas y literaturas, o sea las Filologías. El proyecto preparado por una subcomisión de dicho Consejo quiere reducir las catorce filologías actuales a cuatro más generales que incluyen sus respectivas literaturas: Filología Clásica, Lengua Española, Lenguas Modernas y Lenguas Orientales. Particularmente lastrada queda de este modo la Filología Inglesa, que pierde su título y se acaba integrando en una nebulosa de lenguas y literaturas modernas.
Mientras las universidades norteamericanas llevan décadas realizando con gran éxito múltiples y logrados esfuerzos para impulsar los estudios hispánicos, es decir de la lengua, cultura y literatura en español, en España se opera al revés, o sea reduciendo los Estudios Ingleses. Cuando Europa entera es consciente de la importancia del inglés como primera lengua de intercambio humano, social, económico, cultural y social, en España se hace otra vez lo contrario: reducir hasta la cloaca tales estudios de Filología Inglesa para convertirlos casi en una mera escuela de idiomas ubicada en esa artificial titulación de Lenguas Modernas. Mientras la literatura y la cultura anglo-norteamericanas son partes fundamentales de las humanidades en los países más avanzados y cultos de la tierra –incluidos los de Europa-, en España se hace otra vez lo contrario y se echa por tierra la labor de miles de profesores y expertos de Filología Inglesa.
Vayan por delante unos datos sobre el inglés como lengua y como cultura para los “sabios” que componen dicha subcomisión del Consejo de Coordinación Universitaria: en el mundo hay unos 2000 millones de personas hablantes de inglés, que es la lengua extranjera más estudiada en todos los niveles educativos del mundo. El actual curso académico universitario ha contado con un total de 4500 alumnos matriculados en el primer curso de la licenciatura de Filología Inglesa y un total de 22.000 alumnos matriculados de los restantes cursos. Se convierte ésta así –y con gran diferencia- en la titulación filológica con más alumnos en España. Pero los sabios de la subcomisión parecen considerar que no es importante preparar a la juventud española como futuros especialistas en el manejo del inglés, de sus culturas y de sus literaturas. Porque no valen excusas como lo de una titulación miscelánea, con otras lenguas europeas u orientales. Han de saber los sabios que lo de la alianza de las civilizaciones vale para la foto con su jefe, pero nunca para obtener un trabajo en el libre mercado que es –a fin de cuentas- lo que requiere la sociedad y la juventud española y europea.
En cualquier país que requiere de sus políticos un mínimo de responsabilidad y buen criterio resultaría harto difícil comprender cómo un grupo de llamados expertos recomienden la desaparición de la titulación específica de Estudios Ingleses del catálogo de títulos y la permanencia en él de titulaciones para las que ya no existe demanda real. Por eso, estos subcomisionados de Humanidades deberían escuchar a los representantes y directores de los departamentos de Filología Inglesa de las universidades españolas. Deberían mirar de cerca los datos de ingreso y matriculación estudiantil, como en el caso de la Universidad de Alicante donde las carreras de Filología Inglesa y Turismo –las dos ligadas directamente al manejo del inglés y su cultura- superan con mucho a las demás titulaciones. Deberían también escuchar a los cuarenta departamentos que han denunciado ya este peligro y han hecho llegar a la opinión pública la lamentable situación. Se han recogido ya casi 20.000 firmas de protesta no sólo del profesorado y el estudiantado, sino también de ciudadanos preocupados ante el descalabro universitario. Y eso, sin entrar en otras disciplinas como la Historia del Arte, por ejemplo.
Con el inglés estamos ante el acoso contra cualquier cosa que suene a atisbo de algo norteamericano porque, en el fondo, el Consejo de Coordinación Universitaria y el Ministerio de Educación y Ciencia están mostrando una incapacidad absoluta para resolver un tema que cada día resulta más escabroso para cualquier observador de la situación. Resulta preocupante todo este acecho al inglés, porque de aprobarse finalmente este proyecto la Universidad española estará cumpliendo otro más de sus atropellos contra la ciudadanía y contra la cultura: la manipulación y tergiversación de los deseos de los ciudadanos. Mediten los sabios sobre esta pregunta que pueden realizar si gustan a cualquier padre o madre de familia en la España de hoy: ¿Querrá usted que su hijo aprenda y domine bien el inglés cuando crezca? La respuesta afirmativa es la que sin duda daría la inmensa mayoría de los preguntados. En la minoría zafia e incompetente deben estar las voluntades de estos sabios. Resulta así que con elementos tan sectariamente amnésicos e irracionales no cabe apelar al sentido común, ni a la responsabilidad académica y política de un Consejo politizado y servil a los dictados del Ministerio de Educación y Ciencia. Por eso cabe moverse todavía más e impedir la aprobación final de una lamentable acción que echa por tierra la Filología Inglesa y con ella la labor de años de miles de profesores españoles.
Quizá les dé miedo a algunos de la falsa progresía socialista que los estudiantes españoles no sólo aprendan inglés, sino que también conozcan otros modelos de pensamiento y de cultura: justo los modelos que constituyen los ejes de la sociedad del siglo XXI, justo la que camina bajo el impulso de la primera y mayor democracia del planeta: EEUU. Quizá no interese tampoco que en España los jóvenes puedan leer directamente y sin intermediarios lo que los medios de comunicación norteamericanos señalan sobre la situación mundial y la traición del socialismo español a la lucha por la Libertad. No interesará acaso que se vean la falsedad del sonsonete sectariamente propagandístico y (des)informativo de quienes hoy gobiernan lo que va quedando de España. ¿O no sorprende acaso que ningún país europeo haya eliminado la carrera de Filología Inglesa excepto España? ¿Y no será, en fin, que estamos ante una pandilla de sabios idiotizados por el sectarismo servil y el antiamericanismo más inepto, rancio y analfabeto?
Para decirlo más claro ¿no será acaso que España merece otro gobierno más de acuerdo con los nuevos tiempos y menos con las consignas de un socialismo vacío e inoperante? Bien harán los profesores y catedráticos de Filología Inglesa en España en no quedarse mudos ante tan sectario proyecto y ante tan tamaña manipulación educativa. La universidad debe ser un foro de ideas, de conocimientos, de intercambio cultural. Curiosamente, tal intercambio ocurre en la mayor parte del mundo en lengua inglesa. Llegados a este punto, la labor de los profesores de Filología Inglesa -como docentes y como ciudadanos- es asegurar que sus estudiantes aprenden algo tan fundamental como la lengua inglesa, sus varias culturas y literaturas. Su labor también pasa por el reclamo a sus representantes políticos para que trabajen para ellos y no contra ellos y siempre por el bien de la ciudadanía en su conjunto.
No hace falta pensar lo que habría ocurrido en España de haber sido la derecha la autora de este nefasto proyecto universitario, o sea de esta limpieza étnica y cultural contra las humanidades, las filologías y particularmente contra el inglés. Faltarían pancartas en España, faltaría tiempo para las manifestaciones, voceros para las movilizaciones estudiantiles y del claustro. Por eso resulta ahora tan nauseabundo que muchos de estos profesores de Filología Inglesa sigan apoyando y votando todavía a un gobierno socialista que -en agradecimiento a sus servicios prestados y su lealtad a la causa de la progresía barata e inepta- les pone a los sabios sabuesos de la subcomisión para acabar con su instrumento de trabajo, o sea el inglés como lengua, como cultura, como civilización y como futuro. Dicho queda para quien quiera tomar nota.
Alberto Acereda es catedrático universitario, escritor y analista político, especialista en temas culturales transatlánticos.