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Benedicto debe desenmascarar a los perseguidores
Colaboraciones nº 342   |  10 de Mayo de 2005
 
Tan pronto como el cardenal Joseph Ratzinger fue elegido pontífice, el nuevo Papa Benedicto XVI pasó a estar en la mira de los medios altamente politizados del mundo, y particularmente en Occidente. Las guerras ideológicas y culturales de América y Europa necesitan reavivarse tras haber dado un respiro al Vaticano durante el fallecimiento de Juan Pablo II. Hoy, todos los frentes están abiertos. La elección de Ratzinger al frente de 1,1 billones de creyentes de la Iglesia Católica no es una cuestión a la ligera. Puede influenciar el destino de la humanidad.
 
En el campo de batalla “central”, la iglesia romana tiene que tratar el celibato de sacerdotes y los temas de sacerdocio de las monjas. Ratzinger es un conservador, y seguirá la posición de Juan Pablo II. En su frente “occidental”, tendrá que abordar los temas progresistas de Europa y Norteamérica, tales como el aborto, las relaciones sexuales, la integración gay, el divorcio y temas similares. Añádase el tema del escándalo de los abusos por parte de sacerdotes. En lo último, Ratzinger será reformista, y pedirá disciplina y moralidad.
 
En su frente “meridional”, sobre todo en Latinoamérica y partes del África negra y de La India, Benedicto XVI tendrá que tratar la pobreza, las economías y la sublevación de la “teología de la liberación”, de inspiración marxista. Ratzinger inspirará la revitalización económica para salvar a las masas empobrecidas y aislar a los clérigos izquierdista rebeldes. Pero bajo su mandato, su campo de batalla geopolítico principal se encuentra al este.
 
Hay decenas de millones de católicos cuya preocupación no es cómo dirigir sus vidas, sino si van a tener una vida: es decir, la persecución al este de Roma y por todo el Mediterráneo.
 
Hay más de 200 millones de cristianos que sufren persecución religiosa y política alrededor del mundo. La mayor parte no se encuentra en el rico Occidente ni en la remota Latinoamérica, sino en el peligrosísimo mundo del totalitarismo.
 
La gente que vive aún bajo mandato comunista sufre la privación de la libertad religiosa -- en China, Corea del norte, Vietnam y Cuba. ¿Reanudará Benedicto la lucha polaca de su predecesor?. ¿Pedirá a estos creyentes que derriben sus muros, también?. Es de esperar que Benedicto siga los pasos de Juan Pablo I. No sólo fue el discípulo de Juan Pablo en la libertad, sino que también él ha vivido bajo mandato totalitario. Aún así, el comunismo no será su desafío más grave; lo será el jihadismo.
 
Cientos de millones de católicos viven bajo la amenaza jihadista en varios continentes. Muchos millones han sido ya exterminados, limpiados étnicamente o convertidos a la fuerza por regímenes y organizaciones fundamentalistas durante las últimas décadas. Algunos discuten que el Vaticano ha tenido diálogos intercredos excelentes desde el Concilio II de comienzos de los años 60.
 
Pero el problema no es el Islam, como fe; [el problema] es la ideología que utiliza esta religión, que apunta contra católicos y otros “infieles”, musulmanes incluidos, en más de 40 países. Los hechos de la persecución son abrumadores: en Indonesia, Pakistán, Egipto, Irán, Nigeria, Arabia Saudí y por todas partes, los gobiernos se han implicado en acciones contra los seguidores de Jesús. En Las Filipinas, El Líbano, y Argelia, el terrorismo de la jihad mata y viola a los católicos. Por último pero no menos importante, ha tenido lugar genocidio en Sudán y Biafra, cerca de 1 millón de católicos negros masacrados; ¡centenares de miles se podrían definir fácilmente hoy como esclavos católicos!.
 
¿Qué hará respecto a esto el nuevo Papa “duro”?.
 
En Occidente, va sobre formas de vida; en el sur latino, va sobre duras condiciones de vida; pero al este, va sobre vida, punto.
 
Se espera que el nuevo Papa de fe de libertad y dignidad humanas. Dado que Juan Pablo y él condenaron el Nazismo y el Bolchevismo, Benedicto debería desenmascarar al perseguidor de su grupo y la amenaza contra la humanidad. Tiene el apoyo del mundo, dado que hay una campaña contra el terror, liderada por los americanos, un impulso hacia la democracia en Oriente Medio y una guerra de ideas liderada por los musulmanes moderados.
 
El Vaticano no tiene ninguna división, al contrario de lo que dijo Stalin. Pero Roma no necesita tanques, tampoco, porque tiene el poder de la palabra. Pero es una palabra que el Santo Padre, en algún momento, debe completar. Su predecesor tuvo el valor de nombrar a los males por su nombre. Hasta la fecha, el Vaticano ha preferido alusiones a declaraciones en lo que respecta a la jihad. Se argumentó que demasiados católicos sufrirían si un Papa planteara sus preocupaciones al este de Roma. Cierto, pero sufren de todos modos, y un día pueden no estar allí para llenar las iglesias. El frente este de Benedicto parece ser el más duro después de todo.


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