Grupo de Estudios Estratégicos RSS
Portada > Cristianismo > Un Papa renovador





Buscar artículos publicados por el GEES
Buscar BuscarEspanol - Ingles
Un Papa renovador
En letra impresa nº 373   |  24 de Abril de 2005
 
Tras el inmenso vacío dejado por la partida de Juan Pablo II, un santo súbito que hizo de su muerte un último e inmenso servicio a la Iglesia, los cristianos hemos acogido con júbilo la elección de Benedicto XVI como nuestro nuevo pastor. Como católico, hubiera recibido con igual complacencia la elección de cualquier otro Papa, porque para nosotros la elección del Sumo Pontífice no es tanto una decisión humana como una inspiración de Dios. Pero no puedo ocultar mi opinión personal de que Benedicto XVI es el Santo Padre que la Iglesia Universal, pero muy en particular la Iglesia Europea, necesitaba en este momento histórico.
 
La impresión general es que la elección del antiguo Cardenal Ratzinger asegura la plena continuidad con la doctrina y la obra de Juan Pablo II. Este es un hecho innegable. Sería suicida para la Iglesia despreciar el inmenso legado dejado por el gran Papa polaco o traicionar su herencia con un giro radical de sus posiciones doctrinales. Pero me atrevo a decir que Benedicto XVI aportará algo más que continuidad, para traer un nuevo impulso, y que resultará más innovador de lo que algunos esperan. Así, la agenda del nuevo Papa tendrá énfasis distintos para encarar un siglo que acaba de comenzar. Es más, frente al Papa de transición que muchos vaticinan, el nuevo Pontífice será un Papa profundamente reformador.
 
Juan Pablo II ha pasado ya a la historia como el gran libertador de la Europa del Este. Nadie, ni sus más acérrimos críticos, le cuestionan su imprescindible protagonismo en el fin del peor de los totalitarismos del siglo XX, la dictadura comunista que durante décadas sojuzgó a decenas de países. Lo hizo con las únicas armas de la Verdad, de la Fe y de su palabra. Derribó los muros que el comunismo había levantado dentro de las mentes de las personas, que son siempre los más difíciles de derribar. Como polaco, conquistó el corazón de sus compatriotas y generó un torrente de libertad que fue imposible de contener para sus vecinos.
 
Benedicto XVI tiene ahora como misión derrotar a la nueva dictadura del siglo XXI, el relativismo totalitario que se encuentra especialmente arraigado en Europa Occidental. Esta es una ideología igualmente destructiva que pretende acabar con todo rasgo de espiritualidad en el ser humano, que considera profundamente retrógrado atreverse a distinguir entre el bien y el mal y que reniega de todos los valores que durante siglos situaron a Europa como vanguardia de la libertad y del progreso en el Mundo.
 
Esta nueva forma de totalitarismo ha identificado a la religión, en especial al catolicismo, como su gran enemigo. Por eso, una de sus principales obsesiones es eliminar toda manifestación religiosa de la vida pública, borrar el cristianismo como una de las raíces fundamentales de nuestra propia identidad europea y destruir los valores morales tradicionales, como el respeto a la vida y a la dignidad humana o el inmenso valor de la familia, sobre los que a lo largo de siglos hemos construido nuestra sociedad y nuestra civilización.
 
Nadie mejor que Benedicto XVI parece capacitado para hacer frente a esta ofensiva de este neolaicismo intolerante que sufre buena parte del continente europeo. A la incuestionable capacidad intelectual del hasta ahora cardenal Ratzinger para hacer frente a esta filosofía de la negación de Dios, se une ahora la inmensa fuerza moral que impone situarse al frente de una Iglesia con más de mil millones de fieles. Esa combinación de fuerza intelectual y autoridad moral convierten a Benedicto XVI en un ariete difícil de contener para reconquistar el corazón y las mentes de los europeos, muy especialmente de los jóvenes.
 
Es evidente, sin embargo, que esta es una batalla que el nuevo Papa no puede librar sólo. Muchos católicos que vivimos a medio camino entre nuestras creencias religiosas y la ideología de la acomodación nos veremos ahora obligados a elegir. Benedicto XVI no parece dispuesto a liderar una Iglesia que claudique de sus principios más fundamentales para poder sobrevivir con mayor comodidad. Por el contrario, quiere construir una Iglesia más auténtica y comprometida, incluso aunque eso suponga el riesgo de hacerla más minoritaria, que defienda desde el dialogo y la tolerancia su propio espacio en un mundo que la necesita más que nunca.
 
España parece un país decisivo en este esfuerzo del nuevo Papa por reconquistar el corazón de Europa. Esta misma semana se ha aprobado en nuestro Congreso de los Diputados el matrimonio entre homosexuales. Es un ejemplo más del ánimo totalitario de una izquierda que tras perder todas sus señas de identidad está empeñada en destruir las ajenas. Estoy seguro de que el aliento, la fuerza y el liderazgo del nuevo Papa hará que esa inmensa mayoría de católicos que aún componen la sociedad española pueda liberarnos pronto de esta ola de neolaicismo intolerante que amenaza con anegarnos. Para ello ayudaría mucho que el nuevo Papa nos visitara cuanto antes.                 


© 2003-2008 GEES - Grupo de Estudios Estratégicos
Aviso legal | Mapa Web | Lista de correo | Contactar