Desde que el pasado 23 de abril diera comienzo en Indonesia el juicio contra Abu Bakar Bashir, el líder de Yemaah Islamiyah, la organización islámica radical acusada de haber organizado el atentado de Bali en octubre de 2002, las ramificaciones de dicha organización por toda la región del Sudeste Asiático han ido saliendo progresivamente a la luz. En su empeño por crear una nación islámica que reúna a Indonesia, Malasia, una parte de Filipinas y otra de Tailandia, Yemaah Islamiyah ha tejido una tupida red de intereses compartidos con otras organizaciones radicales islámicas que han supuesto, por ejemplo, que algunos de sus miembros hayan recibido entrenamiento en campos del Frente Moro de Liberación Islámica en el sur de Filipinas. Que esta organización, por un lado, esté integrada en parte por mujaidines excombatientes de la Guerra de Afganistán y, por el otro, haya intentado o conseguido atentar con coches-bomba u otro tipo de artefactos contra objetivos occidentales en Indonesia, Filipinas, Singapur y Tailandia, apunta a una relación con Al-Qaeda, aunque ésta esté por ser definitivamente probada.
Las relaciones de Yemaah Islamiyah, sin embargo, no parecen haberse estrechado con la organización que lidera una de las mayorías insurgencias de todo el Sudeste Asiático, planteada en una región de profundas y conservadoras creencias islámicas y con importantes implicaciones estratégicas internacionales puesto que es un destacado productor de petróleo y gas y controla la entrada a la zona de tránsito marítimo más importante del mundo, el estrecho de Malaca. El Movimiento por un Aceh Libre (GAM en sus siglas en indonesio) lleva luchando por la independencia de Aceh desde hace más de 25 años y está consolidado como uno de los principales movimientos guerrilleros del Sudeste Asiático. Su independencia, fiel reflejo del carácter indómito que se atribuye a los habitantes de Aceh, parece incluir, por el momento, la inexistencia de cualquier tipo de relación con alguna otra organización extranjera con fines ajenos a los suyos propios, pero debe considerarse la posibilidad de que esto deje de ser así en el futuro.
Tras una tregua de cinco meses, las fuerzas armadas indonesias lanzaron el 19 de mayo pasado una importante operación militar en Aceh con la intención de erradicar de una vez por todas la insurgencia promovida por el GAM desde 1976. Cuarenta y cinco mil tropas militares y de policía militar fueron lanzadas por tierra, mar y aire (y de manera altamente publicitada) contra los entre 2.000 y 5.000 guerrilleros que se calcula integran el GAM. Una recapitulación del conflicto en Aceh, particularmente desde finales de los años 70 hasta ahora, puede ayudar a comprender qué es el GAM y cuál es la naturaleza del conflicto en Aceh – que se ha cobrado más de 10.000 victimas desde 1976 -, incidiendo en el atractivo objetivo que pueda tener dicho conflicto para ser infiltrado por los operativos de Yemaah Islamiyah y/o Al-Qaeda.
El tradicional independentismo e islamismo de Aceh
Aceh es comúnmente considerada como la provincia indonesia de más fuertes y conservadoras convicciones musulmanas (recordemos que Indonesia, con una población de 230 millones de habitantes, es la mayor nación musulmana del mundo). Situada en la punta Norte de la isla de Sumatra, Aceh fue el primer reino en lo que hoy conocemos como Indonesia en convertirse al Islam. El gran transmisor del Islam al Sudeste Asiático fue el comercio, por lo que fueron mercaderes árabes los que trajeron su religión a Aceh y propiciaron su conversión en el siglo XIII. Aceh se mantuvo como un Sultanato independiente hasta 1910, cuando, tras 40 años de intensa guerra, fue definitivamente conquistada por los holandeses e integrada con el resto de sus colonias. Los habitantes de Aceh participaron activamente contra los holandeses en la guerra de independencia indonesia de 1945-1949. Llegada la independencia, sin embargo, sus líderes quisieron vanamente incluir en la Constitución indonesia una referencia explícita a la fe islámica de la nueva nación. Así, no es sorprendente que el movimiento Darul Islam, nacido en el oeste de Java y que durante los años 50 pretendió imponer una República Islámica en Indonesia, tuviese un importante seguimiento en Aceh.
Contrariamente al Darul Islam que quiso cambiar la naturaleza de la República Indonesia, a partir de la creación del GAM en octubre de 1976, las reivindicaciones radicales provenientes de Aceh exigieron su secesión pura y simple de la República. El GAM tardó solamente dos meses desde su creación en proclamar la independencia de Aceh. La experiencia de Timor Oriental, que accedió a una breve independencia en 1976 después del abandono portugués y antes de la invasión indonesia, ha sido una referencia constante para el GAM, hasta tal punto que los momentos álgidos del conflicto en Aceh han coincidido generalmente con los vividos en Timor (mediados-finales de los 70, principios de los 90 y finales de los 90).
El primer intento secesionista del GAM, cuya cúpula vive actualmente exiliada en Suecia, fue aplastado por las fuerzas armadas indonesias en los primeros años 80, pero resurgió en 1988-1989. En 1990, ya había 12.000 tropas indonesias en Aceh, utilizando tácticas aprendidas en Timor Oriental por las que se forzaba a los habitantes locales a colaborar en la captura de los rebeldes. Evidentemente, esta implicación forzada de la población civil en el conflicto la convirtió en objetivo militar, tanto para las fuerzas indonesias como para las del GAM. Ello provocó que la gran mayoría de los 2.000 muertos registrados desde 1988 hasta 1993, cuando terminó la operación, fuesen civiles (el Internacional Crisis Group, un think-tank con oficina en Indonesia, estima que cuatro de cada cinco muertos en el conflicto son civiles).
Los factores de inestabilidad en Aceh
Aparte del tradicional espíritu independiente de los actuales 4,5 millones de habitantes de Aceh y de sus profundas creencias religiosas, otros dos factores han provocado la pervivencia de la rebelión. El primero es el sentimiento de sus habitantes de que Aceh es expoliada por Yakarta de los beneficios derivados de la extracción de sus recursos naturales. A partir de los años 70, el gobierno central desarrolló en la ciudad de Lhokseumawe una gran zona industrial dedicada, básicamente, a la explotación de los enormes yacimientos de petróleo y gas de la región. En estas plantas, hoy dirigidas por la empresa norteamericana Exxon-Mobil, se extrae, licua y exporta el gas, en particular hacia el Nordeste Asiático. Plantas fertilizadoras y productoras de papel completan este importante polo de industrialización indonesio.
Durante la época de Suharto, efectivamente, pocos de los beneficios derivados de esta actividad industrial revertieron a la población local. Esto reflejaba, en general, el centralismo del régimen y la falta de representatividad ofrecida a las fuerzas locales de cada una de las provincias indonesias. Desde la caída del general en 1998, se inició un proceso de descentralización administrativa por el que se ha entregado cada vez más poder no a las provincias sino a los distritos que las forman, queriendo evitar un reino de taifas indonesio. En Aceh, el proceso culminó con la aprobación de un régimen de “autonomía especial” para la provincia en agosto de 2001. Sin embargo, no se ha llevado prácticamente a efecto dicho régimen por los recelos del gobierno central a transferir sus poderes y, también, por la incompetencia (quizá voluntaria) de los parlamentarios de la cámara provincial de Aceh que han dejado por aprobar más de 20 iniciativas legislativas que especificarían el carácter especial de la autonomía de Aceh. Además, el actual gobernador de Aceh, Abdullah Puteh, está envuelto en continuas acusaciones de corrupción.
El otro factor generador de inestabilidad es el continuo abuso de los derechos humanos a los que somete el ejército indonesio a la población de Aceh. A los repetidos indicios de torturas, asesinatos y expoliaciones, las fuerzas armadas indonesias han reaccionado juzgando y condenando a un solo soldado en los últimos diez años. La declaración de la ley marcial efectuada en la zona en mayo pasado limitará aún más la responsabilidad de las tropas indonesias en este sentido. Es fiel reflejo de la radicalidad del problema, que el general Endriartono Sutarto, general en jefe de la Junta de Estado Mayor indonesia, declarase en el comienzo de las operaciones actuales en Aceh que cualquier soldado que cometiese graves atentados contra los derechos humanos debería ser “disparado en la cabeza.” Aún así, las informaciones apuntan a que en los primeros días de la ofensiva se incendiaron 200 casas de residentes locales. Cada bando acusa al otro de ser el responsable.
La corta primavera post-Suharto
La caída de Suharto en mayo de 1998 pareció traer nuevos aires a la actitud de las Fuerzas Armadas frente al problema de Aceh. En agosto de 1998, el general Wiranto, Jefe de la Junta de Estado Mayor, anunció la retirada de todas las tropas de combate de la zona y la inmediata revocación de la “zona de operaciones militares” en la provincia. Una semana más tarde, tanto Wiranto como el entonces Presidente Habibie pedían perdón a la población de Aceh por los abusos cometidos.
Sin embargo, la experiencia de Timor Oriental vino a reavivar, una vez más, las ansias de independencia de Aceh. Tras el sorprendente anuncio en enero de 1999 del Presidente Habibie de que se organizaría un referéndum en Timor por el que sus habitantes decidirían sobre su propio futuro político, las manifestaciones en Aceh pidiendo un referéndum similar se multiplicaron, culminando con una multitudinaria manifestación en Bandah Aceh, la capital de la provincia, en marzo de 1999, coincidiendo con la visita del Presidente Habibie. Poco después se restauraba soterradamente la “zona de operaciones militares”. En enero de 2002, en una operación muy celebrada por los indonesios, sus fuerzas sorprendían en su escondite y daban muerte a Abdullah Syafi'ie, comandante de las fuerzas del GAM.
El último esfuerzo baldío por la paz
En 2000, entró en escena un actor principal en la trama actual: el Centro Henri Dunant. Este Centro, basado en Ginebra, aspira a actuar de mediador en el conflicto para alcanzar un acuerdo de paz duradero entre las dos partes y ha sido el artífice de los dos altos el fuego logrados hasta el momento en mayo de 2000 y diciembre de 2002.
En diciembre de 2002, tras un año en el que se calcula murieron 1.300 personas, Indonesia y el GAM firmaron un acuerdo de alto el fuego que dio paso al inicio de un diálogo “integral” sobre el futuro político de la provincia. El Ejército indonesio se retiró mientras el GAM se comprometió a desarmarse (depositando sus armas en zonas designadas) y los dos decidieron respetar ciertas “zonas de paz”. El GAM se comprometió a abandonar por el momento sus ideales de independencia e Indonesia autorizó la entrada de observadores extranjeros en Aceh. Se llegó a un acuerdo para celebrar elecciones en 2004, cuando están previstas para el resto de Indonesia (cabe recordar que Aceh fue la provincia que registró el menor índice de participación – con un 36% - de las elecciones legislativas de 1999, las primeras post-Suharto).
En abril comenzó a ser obvio que el acuerdo no estaba funcionando. Los observadores, tras tener sus oficinas constantemente saqueadas, se agruparon en Banda Aceh, la capital de la provincia. En la primera semana del mes murieron 15 personas. Manifestaciones, aparentemente orquestadas, pedían que el Centro Henri Dunant dejase de proteger a los guerrilleros del GAM. Además, Indonesia no ha aceptado nunca integrar al GAM en el juego político de la provincia. Y, por supuesto, ambos bandos continuaron extorsionando a la población civil.
Tras un último esfuerzo conciliador celebrado en Tokio a mediados de mayo, las negociaciones se rompieron cuando el GAM ignoró un ultimátum indonesio para que abandonara explícitamente su objetivo de independencia. Indonesia, al parecer, hubiese estado dispuesta a otorgar a la provincia el 70% de los ingresos derivados de la extracción del petróleo y gas. La decisión de reiniciar las operaciones militares de la Presidenta Megawati Sukarnoputri, que se presentará a las elecciones presidenciales el año que viene, fue aplaudida por gran parte de los habitantes de Java, la principal isla indonesia. Aparte de la popularidad que le pudo traer a Megawati la decisión de preservar la unidad de la República, qué duda cabe de que la Presidenta tiene una ideología nacionalista muy definida y una predisposición favorable hacia las fuerzas armadas indonesias (aparte de que le apoyasen para llegar a la Presidencia). Además, cabe también preguntarse si la Presidenta habrá podido sentirse envalentonada tras la rápida operación americana y británica en Irak y el clima internacional propicio a utilizar métodos militares para acabar con las amenazas guerrilleras o terroristas.
¿Un GAM al servicio de otros fines?
Lo cual nos trae de nuevo a la cuestión de una posible futura infiltración de Al-Qaeda en el GAM. Hasta ahora, los métodos del GAM han podido incluir la extorsión, la tortura o el asesinato sumario de posibles colaboradores del ejército indonesio, pero no han abarcado atentados suicidas contra militares indonesios o contra la población civil en Yakarta, o el sabotaje a gran escala de los centros industriales en Aceh (incluso sus fuentes de provisión de armamento se sitúan en Camboya en vez de en algún país musulmán). Hasta cierto punto, el conflicto reproduce las pautas de las guerras de liberación nacional de los años 60 por el que los guerrilleros se escabullen en zonas remotas, a menudo al abrigo de las poblaciones campesinas, y acosan constantemente a las tropas enemigas. La lucha del GAM en sus métodos y en su ideología ha sido impermeable hasta ahora a las influencias provenientes de fuera de Aceh.
Sin embargo, la tentación para las organizaciones relacionadas con Al-Qaeda de llegar a influir en un grupo rebelde de creencias fuertemente islámicas y que pudiese llegar a controlar una zona productora de petróleo y gas próxima al estrecho de Malaca, por el que navega la mitad del tráfico marítimo del mundo, debe ser muy tenido en consideración. Nada indica que la actual ofensiva indonesia pueda llegar a tener más éxito que las anteriores, pero, llegado el momento, un GAM muy debilitado y desesperado podría pensar en echarse en brazos de una organización afín a Al-Qaeda.
Debe de sorprendernos lo independiente que el GAM ha sido hasta ahora y, al mismo tiempo, tenemos que imaginar escenarios que puedan menoscabar esa independencia y convertir al GAM en el instrumento de una estrategia terrorista global. El GAM no es, hoy por hoy, una organización terrorista islámica radical. Habrá que estar atentos a las indicaciones (atentados indiscriminados, declaraciones en juicios en la región o de dirigentes de Al-Qaeda, etc.) de que pudiese estar convirtiéndose en una.