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El retorno de Munich: el espíritu de Eurabia
Colaboraciones nº 302   |  23 de Marzo de 2005
 
Permítame hacer una observación preliminar acerca del título de esta sesión: 'el retorno del espíritu de Munich' – un título que encuentro algo optimista. En Munich, en 1938, Francia e Inglaterra, agotados por la cifra de muertos de la Gran Guerra, abandonaron Checoslovaquia a la bestia Nazi, con la esperanza de que al hacerlo, evitarían otro conflicto. 'El espíritu de Munich' alude así a una política de estados y pueblos que rechazan confrontar una amenaza e intentan obtener paz y seguridad mediante la conciliación y el apaciguamiento o, incluso, en algunos casos, la colaboración activa con los criminales.
 
Por mi parte, diría que hemos ido más allá del espíritu de Munich, y la situación presente no debería situarse en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, sino en el presente contexto jihadista.
 
De hecho, durante los últimos treinta años, Francia y Europa viven una situación de auto defensa pasiva contra el terrorismo. Ésta comenzó con el terrorismo palestino, en el entonces terrorismo islámico, por no hablar del terrorismo europeo local, incluyendo el IRA en Gran Bretaña, ETA en España, el grupo Baader-Meinhof en Alemania o las Brigadas Rojas en Italia.
 
Un vistazo a nuestras ciudades, aeropuertos y calles, a las escuelas con sus guardias y seguridad, incluso a los sistemas de transporte público, por no mencionar las embajadas y las sinagogas -- basta para ver el sorprendente abanico de servicios de seguridad y de policía al completo. El hecho de que las autoridades de todas partes rechacen nombrar al enemigo, no niega a ese enemigo. Pero sabemos perfectamente bien estamos bajo amenaza desde hace mucho tiempo; una sólo necesita abrir los ojos y nuestras autoridades lo saben mejor que cualquiera de nosotros, porque son ellas las que han ordenado estas medidas de seguridad en nuestras ciudades, aeropuertos y calles, en las escuelas con sus protectores de seguridad, incluso en los sistemas del transporte público, sin mencionar las embajadas y las sinagogas -- para ver el arsenal asombroso del conjunto de policía y de servicios de seguridad.
 
En su libro La vida diaria en la Europa medieval bajo dominación árabe, publicado en 1978, Charles-Emmanuel Dufourq, un especialista francés en Andalucía (España islámica) y el Magreb, describe bajo el subtítulo 'Un gran Temor' las condiciones de vida de los pueblos nativos no musulmanes en el espacio andaluz. (1) Hoy, la propia Europa vive bajo este Gran Temor.
 
En Munich la guerra no se había declarado aún. Hoy la guerra está en todas partes. Y aun así, la Unión Europea y los estados que la abarcan han negado la realidad de esa guerra, con el ataque terrorista de Madrid del 11 de marzo del 2004 justo delante de las narices. Si hay una amenaza que Europa proclame urbi et orbi, esa amenaza sólo puede provenir de América y de Israel ¿Qué debe entender una? ¿Puede haber alguien que sostenga en serio que son las fuerzas norteamericanas y las israelíes las que nos amenazan en Europa. No, lo que tiene que entenderse es que las políticas norteamericanas e israelíes de resistencia al terror jihadista provocan represalias contra una Europa que ha dejado de defenderse desde hace tiempo. Así que para que la paz pueda prevalecer por todo el mundo, sólo se necesita que esos dos países, América e Israel, adopten la estrategia europea de rendición constante, basada en la negación de la agresión. Cuán simple…
 
Esta estrategia es menos digna incluso que la connivencia y cobardía de Munich. En Munich se contemplaba una especie de futuro, incluso si la guerra, o la paz, iban a determinar el futuro. Había una elección. En la situación actual no hay opción, porque negamos la realidad del peligro de la jihad. El único peligro viene, presuntamente, desde Estados Unidos e Israel. Llevamos a cabo una campaña propagandística en los medios contra estos dos países, antes de entrar en una fase aún más agresiva; es mucho más fácil, mucho menos peligroso... Y llevamos a cabo esta campaña con el arsenal de la cobardía: la difamación, la desinformación, la corrupción de políticos sobornables.
 
En la época de Munich, una podía considerar que habría batallas que podrían ganarse. Estaba por lo menos la Línea Maginot para defensa. En Europa hoy, dominada por el espíritu de la dhimmitud – la condición de sumisión de judíos y cristianos a la dominación musulmana – no hay batalla concebible. La sumisión, sin una sola lucha, ha tenido lugar ya. Una maquinaria que ha hecho de Europa el nuevo continente de dhimmitud arrancó hace más de 30 años por instigación de Francia.
 
Entonces se trazó primero una extensa política, una simbiosis de Europa con los países árabes musulmanes, que dotaría a Europa – y especialmente a Francia, el principal promotor del proyecto – del peso y el prestigio [necesarios] para rivalizar con Estados Unidos (2). Esta política fue emprendida de modo absolutamente discreto, fuera de tratados oficiales, bajo el nombre sonoramente inocente de Diálogo Euro-Árabe. Se creó una asociación de parlamentarios europeos de la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1974 en París: la Asociación Parlamentaria de Cooperación Euro-Árabe. Se le confió la gestión de todos los aspectos de las relaciones euro - árabes – financieros, políticos, económicos, culturales, y los referentes a la inmigración. Esta organización funcionó bajo los auspicios de los jefes de gobierno europeos y de sus Ministros de Asuntos Exteriores, trabajando de cerca con sus homólogos árabes, y con los representantes de la Comisión Europea, y la Liga Árabe.
 
Esta estrategia, la meta de la cual era la creación de una entidad euro - árabe pan-mediterránea que permitiera la libre circulación de personas y bienes, también determinó la política de inmigración con respecto a los árabes en la Comunidad Europea (CE). Y, durante los últimos 30 años, también estableció las políticas culturales relevantes en las escuelas y universidades de la CE. Desde la primera reunión del Diálogo Euro - Mediterráneo en 1975, a la que asistieron los ministros y jefes de estado tanto de países árabes como de europeos y representantes de la CE y la Liga Árabe, se han concluido acuerdos concernientes a la difusión y promoción del islam en Europa, de la lengua y de la cultura árabes, a través de la creación de centros culturales árabes en ciudades europeas. Otros acuerdos siguieron pronto, todos con intención de garantizar una simbiosis euro - árabe cultural, económica y política. Estos esfuerzos a largo plazo implicaron a las universidades y a los medios (escritos y audio-visuales), e incluso incluyeron la transferencia de tecnología, incluida la nuclear. Finalmente se promovió una sociable diplomacia euro - árabe en foros internacionales, especialmente en Naciones Unidas.
 
Los árabes fijaron las condiciones para esta asociación:
  1. una política europea independiente y opuesta a la de Estados Unidos;
  2. el reconocimiento por parte de Europa de un “pueblo palestino”, y la creación de un estado “palestino”;
  3. apoyo europeo a la OLP;
  4. la designación de Arafat como el representante único y exclusivo de ese “pueblo palestino”;
  5. la deslegitimación del Estado de Israel, histórica y políticamente, su reducción a fronteras no viables, y la arabización de Jerusalén.
Desde el estallido, guerra europea oculta contra Israel mediante boicot económico, y en algunos casos mediante boicot académico también, con deliberado vilipendio y expansión tanto del antisemitismo como del antisionismo.
 
Durante las últimas tres décadas, un número considerable de acuerdos no oficiales entre los países de la CEE (posteriormente la UE) por una parte, y los países de la Liga Árabe por otra, determinaron la evolución de Europa en sus aspectos políticos y culturales actuales. Citaré aquí solamente cuatro de ellos:
  1. se entendió que los europeos que tratasen con inmigrantes árabes se someterían a entrenamiento sensible especial, para apreciar mejor sus costumbres, sus comportamientos;
  2. los inmigrantes árabes permanecerían bajo el control y las leyes de sus países de origen;
  3. los libros de texto de historia en Europa serían reescritos por equipos conjuntos de historiadores europeos y árabes – naturalmente las batallas de Poitiers o Lepanto, o la Reconquista española, no tienen el mismo significado a ambos litorales del Mediterráneo;
  4. la enseñanza del árabe y de la cultura árabe e islámica debían ser impartidas en las escuelas y las universidades de Europa, por profesores árabes duchos en la enseñanza de europeos.
La situación hoy
 
En el frente político, Europa ha atado su destino a los países árabes y así ha llegado a estar implicada en la lógica de la jihad contra Israel y Estados Unidos. Cómo podría Europa denunciar la cultura de veneno jihadista que exuda de sus aliados, si durante tantos años hizo de todo para activar la jihad, ocultándola y justificándola, afirmando que el peligro verdadero no viene de los propios jihadistas, sino de los que se resisten a los jihadistas árabes, los mismos aliados a los que Europa sirve en cada reunión internacional y en los medios europeos.
 
En el frente cultural ha tenido lugar una reescritura completa de la historia, llevada a cabo primero durante los años 70 en universidades europeas. Este proceso fue ratificado en asamblea parlamentaria por el Consejo de Europa en 1991, en su reunión dedicada a “La contribución de la civilización islámica a la cultura europea”. Fue reafirmado por el Presidente Jacques Chirac en su discurso del 8 de abril de 1996 en El Cairo, y reforzado por Romano Prodi, presidente de la Comisión Europea, a través de la creación de una “Fundación del Diálogo de Culturas y Civilizaciones” que iba a controlar todo lo que se decía, escribía y enseñaba en el nuevo continente de Eurabia, que abarca Europa y los países árabes.
 
La dhimmitud de Europa comenzó con la subversión de su cultura y de sus valores, con la destrucción de su historia y su reemplazo por una visión islámica de esa historia, apoyada en el mito romántico de Andalucía. Eurabia adoptó el concepto islámico de historia, en el que se define el islam como una fuerza de liberación, una fuerza de paz, y la jihad se ve como “una guerra justa”. Los que se resisten a la jihad, como los israelíes y los americanos, son los culpables, en lugar de los que la emprenden. Es esta política la que se nos ha inculcado a nosotros, los europeos, el espíritu de dhimmitud que nos ciega, la que inculca en nosotros el odio a nuestros propios valores, y el deseo de destruir nuestros propios orígenes y nuestra propia historia. “El mayor timo intelectual sería permitir que Europa continúe creyendo que se deriva de una tradición judeo - cristiana. Eso es una total mentira”, indica Tarik Ramadán (3). Y así despreciamos a George Bush, porque él todavía cree en esa tradición. Qué simplones esos americanos…
 
El espíritu de dhimmitud no es simplemente la sumisión sin lucha, ni siquiera el de rendirse. Es también la negación de la propia humillación mediante este proceso de integrar los valores que conducen a nuestra propia destrucción; son los mercenarios ideológicos que se ofrecen voluntariamente para el servicio a la jihad; es el tributo tradicional pagado por cuenta propia, y con humillación, por los dhimmis europeos, para obtener una seguridad falsa; es la traición del propio pueblo de uno. El dhimmi no musulmán protegido bajo dictadura islámica podía obtener una seguridad efímera y engañosa con los servicios rendidos al opresor musulmán, y con servilismo y adulación. Y ésa es exactamente la situación de Europa hoy.
 
La dhimmitud no es sólo un sistema de leyes abstractas inscritas en la shari'a, es también un sistema complejo de comportamientos desarrollados a lo largo del tiempo por los propios dhimmis, como modo tanto de adaptarse, como de sobrevivir a la opresión, a la humillación, a la inseguridad. Esto ha producido una mentalidad particular así como los comportamientos sociales y políticos esenciales para la supervivencia del pueblo que, en cierto sentido, seguiría siendo siempre rehén del sistema islámico.
 
Los dhimmis son seres inferiores que experimentan humillaciones y agresiones en silencio. Sus agresores, mientras tanto, gozan de una impunidad que sólo aumenta su odio y su sensación de superioridad, garantizada por la protección de la ley. La cultura de dhimmitud que se expande por Europa es la del odio, de crímenes contra los no musulmanes que van sin ser castigados, una cultura que se importa de los países árabes junto con el "palestinismo”, la nueva subcultura europea que ha sido elevada al nivel de culto de la Unión Europea, y su bandera de guerra exaltada contra Israel.
 
En Munich, en 1938, Francia no había renunciado a su propia cultura, su propia historia, volviéndose alemana; no ha proclamado que la fuente de su propia cultura era la civilización alemana. El espíritu de dhimmitud que ciega hoy a Europa no sale de una situación impuesta desde fuera, sino de una elección hecha libremente, y realizada sistemáticamente, en sus dimensiones políticas, a lo largo de los últimos 30 años.
 
El reconocido erudito en islam William Montgomery Watt, describió la desaparición del mundo cristiano en los países que habían sido islamizados, en su libro La Majestad que era el islam (1974): “No hubo nada dramático en lo que sucedió; fue una muerte apacible, una eliminación progresiva”. (4) Sólo que Montgomery Watt estaba equivocado; de hecho, los estertores de muerte del cristianismo bajo el islam fueron extremadamente dolorosos y trágicos, como puede verse en el siglo XX, con el genocidio de los armenios, o la resistencia de los cristianos libaneses en los 70 - 80, o durante las últimas décadas de genocidios en Sudán, y finalmente la implacable jihad árabe contra Israel, que es solamente uno de los ejemplos de lucha histórica de los pueblos dedicados a luchar por la libertad contra la dhimmitud, por la dignidad del hombre contra la esclavitud de la opresión y del odio. Pero esa observación de Montgomery Watt -- acerca de la “muerte apacible, la eliminación progresiva” se aplica perfectamente a Europa hoy.
 
Notas:
 
1) Charles-Emmanuel Dufourq, La Vie Quotidienne dans l’Europe Médiévale sous Domination Arabe, Hachette, París, 1978; este libro examina la conquista y colonización árabes de Andalucía -- ver capítulo 1, “Les Jours de Razzia et d'Invasion”. Agradezco al Dr. Andrew Bostom haber llamado mi atención sobre la obra de Charles-Emmanuel Dufourcq, parte de la cual será incluida en su próximo compendio de ensayos y documentos, El legado de la jihad, Nueva York, Prometheus Books, 2005.
 
2) Pierre Lyautey (el sobrino de Marshall Lyautey): Le nouveau rôle de la France en Orient, l'Academie des Sciences d'Outre-Mer, 4 mai 1962, p.176, de Jacques Frémeaux, Le monde arabe et la sécurité de la France depuis 1958, PUF, París 1995.
 
3) Tarik Ramadán, “Critique des (nouveaux) intellectuels communautaires”, Oumma.com, 3 de octubre del 2003.
 
4) William Montgomery Watt, La majestad que fue el islam. El mundo islámico, 66-1100. Londres: Sidgwick & Jackson, 1974, P. 257.


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