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Variaciones sobre un mismo tema
En letra impresa nº 355   |  21 de Marzo de 2005
 

(Publicado en La Razón, el 21 de marzo de 2005)

Nuestra política exterior continúa su curso, siguiendo el rumbo establecido por Zapatero hace ahora un año. Podemos alarmarnos por la falta de oficio con que se actúa, por las contradicciones en su discurso o por el desastre que supone para los intereses nacionales. Pero no hay duda de su coherencia. Repasemos brevemente cinco episodios vividos en los últimos días.
 
La Cumbre de Madrid sobre el terrorismo concluyó con un breve texto de conclusiones que nada aporta y, sobre todo, que no justifica el extraordinario desembolso que el contribuyente se vio obligado a hacer. El objetivo real, el salvar la cara de Zapatero en temas de terrorismo, se saldó con un paupérrimo resultado, pero encontró la oportunidad de aparecer con el todavía secretario general de Naciones Unidas para contarnos, una vez más, su propuesta de “alianza de civilizaciones”. Nadie sabe a ciencia cierta que es eso, pero resulta muy claro su fin: rechazar la iniciativa que norteamericanos y buena parte de europeos llevan a cabo para transformar el Gran Oriente Medio, modernizar sus estructuras sociales y económicas y facilitar la llegada de la democracia. Recordemos que para este gobierno Arafat nunca fue un problema, sino una solución, lo mismo que Sadam Hussein y tantos otros progresistas locales.
 
Recibimos la visita del ministro de Asuntos Exteriores cubanos, el representante del régimen más condenable de Iberoamérica, por el que nuestro gobierno intercede ante las autoridades europeas. Zapatero confiaba en que agradeciera sus esfuerzos liberando algún prisionero político, pero llegó, sonrió y Fidel no sintió necesidad de soltar a ninguno. Lo recibió Moratinos, lo recibió Zapatero y hasta el propio Rey le acogió en su casa frente a las cámaras de televisión. Todo ello con el trasfondo de un nuevo viaje real a Cuba, para estrechar lazos con el maltratado déspota.
 
Pero no sólo Castro encuentra la comprensión de nuestra acción exterior. Desde Londres y Jerusalén nos llegaron noticias de que la diplomacia española estaba hablando con el grupo terrorista Hamás, la versión palestina de los islamistas Hermanos Musulmanes, así como con las autoridades europeas, para excluir a esta formación de la lista de grupos terroristas perseguidos. Mientras la comunidad internacional trata de sacar adelante el proceso de paz y envía serios mensajes a estas formaciones terroristas, nuestro gobierno trata de establecer una vía paralela de comprensión... y debilidad, dando, una vez más, alas al enemigo. Pero, claro, si se puede hablar con ETA, ¿por qué no lo iban a hacer con Hamas?
 
También nos llegan noticias de que nuestra diplomacia obstaculiza la inclusión del grupo terrorista libalés Hizbolá, islamistas chiítas que cuentan con el apoyo de Irán y Siria, en la lista europea. En realidad Moratinos no hace otra cosa que seguir la línea establecida por Zapatero en su encuentro con el dictador sirio Bachar al Assad el pasado 2 de junio. España evitó plantear el problema de la ocupación del Líbano y el de los grupos terroristas establecidos tanto en Siria como en el propio Líbano. Para nuestro gobierno es evidente que su objetivo es la liberación nacional y que, por lo tanto, no pueden ser calificados como terroristas. El giro francés les ha cogido por sorpresa y, una vez más, se han visto abocados a hacer el ridículo quedando como únicos valedores en Europa de la oligarquía siria y sus grupos terroristas asociados.
 
Lo último nos ha llegado de París. Chirac, Schroeder y Zapatero han acogido a Putin, dolido por el duro trato recibido de Bush en la cumbre de Bratislava. Durante estos últimos años el gobierno ruso contó con la comprensión de Estados Unidos y Europa, conscientes de las enormes dificultades que tenía poner en pie su corrupta economía, la lucha contra el separatismo y el terrorismo... pero el tiempo dio la razón a los más escépticos. Putin se está convirtiendo en una amenaza para la democracia en Rusia y, consiguientemente, para el desarrollo económico y social. La gota que colmó el vaso fue la injerencia rusa en la política interior ucraniana, favoreciendo a un candidato, defendiendo la vulneración de las normas electorales y situándose frente al elegido por la ciudadanía que, además, había sido objeto de un intento de asesinato. Tanto la sociedad europea como la norteamericana reaccionaron al unísono, defendiendo a los ucranianos que salían a la calle en pos de su dignidad. Las autoridades europeas, con Javier Solana a la cabeza, hicieron un excelente trabajo y la democracia triunfó.
 
Pero Solana representa otro socialismo, más próximo a Londres y a la costa este norteamericana, tan inequívocamente atlantista como europeísta, un socialismo que rechaza los excesos del estado de bienestar europeo y que cree en la Agenda de Lisboa. Un socialismo que no siente ninguna necesidad de convertir Europa en un contrapoder de Estados Unidos. No es el caso de Zapatero o Schroeder, que se brindan a secundar a Chirac en una política que responde a los más profundos sentimientos gaullistas. ¿Que Putin no es un demócrata?, no pasa nada, tampoco lo son otros muchos de sus amigos. ¿Que trata de intervenir en sus repúblicas vecinas? Cuanto más tiempo estén bajo su control, menos problemas causarán a la Unión Europea tratando de entrar. ¿Que hay una contradicción entre sus quejas por la incomprensión occidental a su problema con el terrorismo islamista y su apoyo a grupos terroristas en otros países? Los grupos a los que apoya son en muchos casos los mismos que Francia o España comprenden y defienden en Bruselas. Si Estados Unidos ha comenzado a distanciarse y criticar a Rusia por su actitud antidemocrática es el momento para tratar de fortalecer el bloque de contención al imperio americano.
 
En estos cinco casos, todos ellos recientes, hay un hilo de continuidad: la defensa de regímenes antidemocráticos y la contención de la influencia internacional de Estados Unidos. Si Washington trata de expandir la democracia para socavar las bases del islamismo, Paris, Berlín y Madrid se disponen a proteger dictaduras y grupos terroristas porque el enemigo real, no lo olvidemos, es Estados Unidos y su modelo de democracia liberal. Cegados por su prejuicio, alimentan el islamismo protegiendo a quienes con su corrupción e incompetencia generan las condiciones para su desarrollo.


 

 


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