(Publicado en Expansión, el 21 de febrero de 2005)
Tras los dos grandes discursos de rigor, se ha iniciado el nuevo mandato del Presidente Bush . En el plano diplomático las primeras intervenciones de la Dra. Rice y su largo e interesante viaje por Europa, Israel y Palestina nos han proporcionado muchas pistas sobre cuál es la estrategia que la nueva/vieja Administración republicana se ha marcado para los próximos cuatro años.
Rice comenzó su trabajo al frente del State Department hablando de “transformación”, un término cargado de significado en Washington. Lo empezó a utilizar Rumsfeld para hacer referencia a los cambios que había que introducir en el Pentágono y en la propia organización de las Fuerzas Armadas, como consecuencia del impacto que estaban teniendo las nuevas tecnologías sobre la dirección de la guerra. Transformar, en este caso, no es reformar, sino provocar una revolución. Nadie duda de que eso, exactamente eso, es lo que está haciendo Rumsfeld en aquel Departamento y que ésa es la principal razón por la que Bush ha decidido renovarle en el cargo.
La “transformación” del State Deptartment tiene en cambio poco que ver con las nuevas tecnologías y mucho con la adaptación a los nuevos tiempos. Los diplomáticos norteamericanos no han querido darse por enterados de los cambios estratégicos originados por el 11-S. Para ellos el objetivo es gozar de unas buenas relaciones con los europeos, el área tradicionalmente más importante y el lugar donde muchos de ellos residen gratamente. Durante los dos últimos años su escaso entusiasmo por cumplir las instrucciones recibidas hizo que el Departamento fuese más un obstáculo que un medio para desarrollar las políticas aprobadas. De ahí que la diplomacia vaya a sufrir cambios drásticos, hasta “transformarla” en un instrumento apropiado. Las tres personas que encabezan su estructura son bien conocidas y no permiten equívocos. Los dos primeros, Rice y Zoellick, pertenecen al selecto grupo de ocho vulcans que, bajo la codirección de la propia Rice y Wolfowitz, prepararon el programa electoral en materia de acción exterior del entonces gobernador de Texas, hace seis años. El tercero, Nick Burns ha sido hasta ahora el duro y directo embajador en la OTAN.
En el plano político, el eje de la acción exterior seguirá lo explicado por Bush en su discurso inaugural con meridiana claridad. Los gobiernos dictatoriales generan corrupción y violan los derechos humanos, creando las condiciones apropiadas para que se desarrollen movimientos radicales que hacen uso del terrorismo para lograr sus objetivos políticos. Sólo fomentando la transformación de estos regímenes en democracias liberales se podrán combatir eficazmente estas nuevas amenazas y lograr un mundo más seguro. El Amplio Oriente Medio, con el trasfondo del islamismo, será el área que más atención requerirá, pero no la única.
Las relaciones con algunos estados europeos, Rusia y China se han resentido por la tensión diplomática generada por la crisis de Iraq. Rice debe ahora tender puentes para restañar algunas heridas, pero no todas. La percepción que los norteamericanos tienen de los europeos no es la misma que antes, aunque la crisis –la deriva continental- viene de atrás. Europa ya no es el teatro central, como en tiempos de la Guerra Fría, ni se encuentran aquí los aliados más importantes para los retos de nuestro tiempo. Los europeos no quieren asumir su cuota de responsabilidad y tratan de distanciarse de Estados Unidos confiando, en unos casos en que, de ese modo, dejarán de ser objetivo. En otros, se desea la derrota norteamericana como símbolo del fracaso de la democracia liberal. Los que ya no son capaces de defender una alternativa se conforman con un discurso y una acción negativa. Europa ha pasado a una posición secundaria. Se buscará la mejor relación posible y su participación en la nueva estrategia para la transformación del Mundo Árabe, para la gestión de la crisis iraní o del problema norcoreano... pero sin esperar demasiado.
En el corto plazo lo fundamental es el triunfo de las reconstrucciones afgana e iraquí, así como del proceso de paz israelo-palestino, aunque sobre éste último la experiencia aconseja mayor prudencia. Si la democracia arraiga, si la convivencia pacífica en el marco de un estado de derecho se hace realidad, contaremos con unos modelos de enorme impacto en las sociedades de su entorno, capaces de ejercer una influencia muy positiva. Con la ayuda de la presión internacional, exigiendo cambios en los sistemas educativos, en el combate contra la corrupción, en el respeto a la mujer... un futuro mucho más atractivo se abrirá ante ellos.
Las crisis iraní y norcoreana se encuentran en fase diplomática y con un recorrido importante ante sí. Ninguna de las dos ha llegado todavía al Consejo de Seguridad y cabe la imposición de sanciones antes de considerar el uso de la fuerza. Siria, por el contrario, se vislumbra como un problema más inmediato, por su responsabilidad en la ocupación del Líbano, a pesar de resoluciones del Consejo de Seguridad en sentido contrario, por su apoyo a los grupos terroristas que actúan en Iraq y su estrecha relación con el grupo libanés Hizbollah y los palestinos de Hamás, la Yihad y los Mártires de al-Aqsa.
La agenda es intensa para los próximos años, pero sin perder de vista los grandes retos estratégicos. Rice hizo su tesis doctoral sobre las Fuerzas Armadas soviéticas y su especialidad es Rusia. Conoce perfectamente su cultura, su historia y su lengua. Sin embargo, antes de llegar al Consejo de Seguridad Nacional, cuando era, con Wolfowitz, la responsable de coordinación de los vulcans, del grupo de asesores de política exterior, insistió, una y otra vez, en que China era, a medio plazo, el gran reto. El creciente papel de China, unido al problema islamista y a la proliferación de armas de destrucción masiva, ha llevado a un interesante realineamiento de posiciones en el Pacífico. Japón asume que tiene que abandonar su tradición pacifista, reformar la constitución, transformar sus fuerzas armadas y actuar más decididamente junto a Estados Unidos. India relaja su tradicional vínculo con Rusia para aproximarse a la potencia norteamericana, con quien está estableciendo una alianza “estratégica”. Australia, preocupada por la deriva de la situación regional, consolida su relación con Estados Unidos y, no sin tensión, reconoce que debe aceptar mayores responsabilidades.
El Pacífico y el Amplio Oriente Medio son las áreas que más atención van a recibir. En los periódicos estará más presente la segunda, aunque la mente de los responsables de la política americana posiblemente esté más en la primera. Europa seré responsable de su propio destino.