Bienvenida Mrs. Rice
(Publicado en el diario La Razón del 14 de febrero de 2005)
Los europeos siempre se sienten más atraídos por los procesos que por los resultados y más encandilados con las formas que con la sustancia. Tal vez por eso la euforia desencadenada con la visita de la nueva Secretario de Estado norteamericana, Condoleezza Rice. Los líderes europeos se han quedado con el tono suave y la elegancia de la doctora Rice y se han lanzado prestos a declarar una nueva luna de miel entre americanos y europeos. Es probable que las relaciones entre ambas orillas del Atlántico no vayan a peor en este año, pero es casi seguro que, a pesar de cuanto se dice, tampoco van a mejorar sustancialmente. Y lo que vale para Europa, se agudiza en el caso español.
Es verdad que los líderes europeos han mostrado una especial querencia siempre por el Departamento de Estado. En Colin Powell veían a un responsable más próximo a la visión de este lado del Atlántico que a la de la Casa Blanca y aunque se alegraban de ello, lo cierto era que sabían que su interlocutor no contaba con el peso específico suficiente como para moderar las ideas de su presidente. Pues bien, ahora pueden encontrar en Condoleezza Rice a alguien en perfecta sintonía con George W. Bush pero si piensan que por ello van a lograr un mayor impacto en la política norteamericana, se equivocan.
¿Cuál es el mensaje que ha traído Rice en su visita? En primer lugar –y esto es lo que han destacado todos- que hay que superar las divergencias del pasado y mirar a un futuro en el que cooperar de nuevo juntos. Pero, en segundo lugar –y esto es lo más importante-, que los asuntos a discutir y el tono del debate lo van a fijar los Estados Unidos. Es decir, que la convergencia de posturas se va a realizar por acercamiento de los europeos a América y no al revés. Punto. Así por ejemplo, el canciller alemán, Gerard Schroeder afirmaba tras su encuentro que aunque no se hubiera estado de acuerdo con la guerra en Irak, Alemania contribuiría a fortalecer su estabilidad y a ayudar al nuevo gobierno salido de las elecciones. O, mejor aún, un país como España, donde su presidente sigue diciendo que la guerra fue ilegal, sus ministros de exteriores y de defensa abandonan sus principios y prometen ahora cooperar en el adiestramiento de la policía y fuerzas de seguridad iraquíes, entre otras cosas. ¿Quién ha hecho más concesiones, Estados Unidos o los europeos?
En tercer lugar, Condoleezza Rice – a diferencia de Colin Powell siempre comprensivo hacia los europeos- no ha intentado descafeinar la doctrina Bush como guía de su acción, sino todo lo contrario. Ha recordado que el compromiso con la expansión de la libertad y la democracia en el mundo es el camino para progresar juntos. En Washington dicen que el nombramiento de Rice al frente del Departamento de Estado responde a que el presidente Bush ya no quiere a nadie que le de consejos sobre la política exterior, sino a una persona que haga en exteriores lo que él quiere que se haga. Y para eso nadie mejor que quien le ha acompañado durante su primer mandato en la radical travesía intelectual que ha realizado, desde un conservadurismo tradicional a un neoconservadurismo revolucionario.
Wilson quiso en su día hacer el mundo más seguro para la democracia. George W. Bush a lo que aspira es a hacer de la democracia el mejor seguro para el mundo. El primero fracasó por su idealismo y su fe ciega en las instituciones internacionales; Bush sólo confía en sus propias fuerzas porque para él la expansión de la libertad no es solo un imperativo moral, sino un requisito estratégico de la seguridad de los americanos. Y eso es lo que no acaba de comprenderse en Europa. Así, el discurso de la libertad durante su toma de posesión se interpretó como un acto retórico, pero la coherencia con sus palabras ante el Congreso para presentar el estado de la Unión, y el proyecto de presupuesto para el próximo año fiscal, deberían indicarnos inequívocamente cual es la agenda del segundo Bush, que no es sino una agenda de más cambio en el mundo y en América.
Los europeos apostaron mayoritariamente por Kerry cuando las elecciones presidenciales de noviembre y ahora que ya saben que tienen a Bush para otros cuatro años, ansían que su segundo mandato sea más conciliatorio y moderado. Pero se equivocan. De ahí que hayan confundido el tono de Condi Rice con el fondo del problema. Si los europeos quieren de verdad llevarse mejor con Norteamérica deben hacer dos cosas de inmediato: en primer lugar, abandonar su extendida costumbre de insultar al presidente americano, pues de lo contrario es difícil que éste sienta una especial atracción para acercarse a los europeos, y en segundo lugar, dar pasos concretos en la dirección de acercarse a las posturas de Estados Unidos en los temas centrales de la agenda internacional, desde Irak a China, pasando por la proliferación de armas de destrucción masiva y la guerra contra el terrorismo islámico. Si los líderes europeos confían que cuando venga George W. Bush en su próxima visita a Europa traiga bajo el brazo la firma de Kyoto o la aceptación de las ambiciones nucleares de Irán, se estarán engañando ellos mismos. Más o menos como quiere engañarnos el gobierno socialista tras sus cuatro o cinco minutos de conversación con Rice, de pie y agarrados a una desangelada silla.