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Bush y España: ¿y ahora qué?
En letra impresa nº 320   |  22 de Enero de 2005
 
(Publicado en el diario La Razón, el 21 de enero de 2005)
 
Ayer Washington era una fiesta, España no. El actual gobierno ha cometido tantos errores de fondo y forma a la hora de encarar la relación con los Estados Unidos que no puede sorprender su incomodidad ante cuatro años más de George W. Bush, el presidente al que ha despreciado, al frente de la nación más importante del planeta.
 
Como Zapatero, basándose en su intuición, creía a ciencia cierta que Bush no podía ser reelegido y que ganaría su rival demócrata, pensó que no tendría coste alguno para él apostar públicamente por la victoria de John Kerry, retirar las tropas de Irak unilateralmente y a pesar de que se cumplieron las condiciones formales qué él mismo se había puesto para no irse, o llamar lisa y llanamente a la deserción de la coalición internacional en plena rueda de prensa en su visita a Túnez. La indignación en la Casa Blanca estaba servida.
 
Zapatero y sus corifeos afirman infatigablemente que la relación con Norteamérica va bien. Pero el pueblo español sabe que no es verdad. Basta ir a las hemerotecas y repasar los comentarios que se hicieron con motivo de la comida familiar que mantuvieron los reyes con los Bush en el rancho de Crawford, mientras el miembro del gobierno que acompañaba a sus majestades tenía que esperar en el aeropuerto de Dallas.
Las cosas iban tan mal que hasta D. Juan Carlos tuvo que intervenir. Es verdad que la retórica beligerante ha rebajado sustancialmente el tono desde entonces y ya parece poco probable un agravio como el que hizo el  Zapatero a la bandera americana el 12 de octubre del 2003, al no levantarse a su paso por la Castellana. Pero los actos siguen poniendo de relieve los dos motores básicos de la política de Zapatero: el antiaznarismo y al antiamericanismo. La gloriosa visita de Chávez a España –que será devuelta en breve-, el cambio de postura hacia Cuba, el abandono de la lucha antiterroristas de  Uribe, el rechazo del Plan Baker para el Sáhara, todo eso son actuaciones que no van en la dirección de mejorar el entendimiento con Washington. Todo lo contrario.
 
En esta tesitura que el propio Zapatero se ha creado él solo, porque los americanos cuando más lo que han hecho es ignorarle, se dice que el presidente socialista podría realizar un gesto para simbolizar el arranque de una nueva etapa de acercamiento. Y se rumorea con insistencia que ese gesto sería el cese de Miguel Ángel Moratinos. No seré yo quien discuta las numerosas razones para reemplazar al ministro de exteriores, pero el gobierno se equivoca si con eso piensa arreglar el entuerto con Norteamérica. En Washington saben muy bien que el problema no es Moratinos, sino quien hace y deshace a su voluntad la política exterior, que es su jefe, José Luis Rodríguez Zapatero. El mismo que deshace más que hace España.


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